In memoriam Pedro Morales Cuenca.


En la localidad conquense de Torrejoncillo del Rey, fue descubierta en el año 1955, por D. Pedro Morales, una cavidad revelada en sueños, como un lugar donde encontraría un singular tesoro escondido en un palacio de cristal.

Tres meses de intensos trabajos dieron como resultado el hallazgo de una cavidad subterránea que resultó ser una mina romana de lapis specularis, de la que no quedaba ni el recuerdo.

En la actualidad, gracias a la intervención de la asociación arqueológica: Cien mil pasos alrededor de Segóbriga y la diputación provincial de Cuenca, se ha convertido en lugar de obligada visita tanto por su interés histórico como cultural.

Si deseas saber más sobre esta historia, accede mediante este link

https://moraencantada.blogspot.com/2011/04/historia-de-un-sueno.html


martes, 15 de junio de 2021

MINA DE VILLACAMPA (NOBLEJAS) Y MINERIA LAPIDEA













Os dejo un enlace de otro vídeo sobre la minería lapídea del mármol y las minas de Lapis especularis de Arboleas; ya que a causa de su tamaño me ha sido imposible subirlo.




 

domingo, 13 de junio de 2021

CAÑOS DE MECA

 HISPANIA ROMANA

Los  últimos hallazgos arqueológicos de los caños de meca, en Cádiz



La última campaña arqueológica llevada a cabo por la Universidad de Cádiz en este yacimiento andaluz ha sacado a la luz unas magníficas y bien conservadas termas romanas, además de vestigios de otras épocas.





En Los Caños de Meca, cerca de la localidad gaditana de Barbate, un grupo de investigadores del grupo HUM-440 del Laboratorio de Arqueología y Prehistoria de la Universidad de Cádiz (Labap) inició unas intervenciones arqueológicas hace dos campañas. Desde 1977 se tenía constancia de la existencia de un yacimiento histórico en el lugar, cuando el arqueólogo Fernando Amores Carredano descubrió unas estructuras que se cubrieron de inmediato. Unos años después, a principios de la década de 1990, un temporal volvió a descubrir los restos, que fueron de nuevo tapados. Sin embargo, el valor arqueológico del lugar era innegable y los investigadores han investigado diversos aspectos del yacimiento en los últimos años.

GRAN COMPLEJO BALNEARIO

El pasado mes de mayo, los trabajos arqueológicos realizados en la playa de Marisucia de Los Caños de Meca, junto al faro de Trafalgar, por parte de la Universidad de Cádiz (en el contexto del proyecto Arqueostra cuyo objetivo es estudiar los orígenes de la ostricultura en Andalucía), han sacado a la luz unas termas romanas que conservan paramentos de varios metros de altura (hasta cuatro), una tumba monumental intacta de la Edad del Bronce y unas piletas de salazones de época romana completas. "​Buena parte de las dunas que hay en esta zona de la playa de Caños de Meca están ahí porque debajo hay restos romanos. Habíamos venido aquí a investigar la acuicultura romana, pero lo que nos hemos encontrado en el Cabo Trafalgar y Los Caños de Meca son restos de todas las épocas", ha explicado Darío Bernal Casasola, catedrático del departamento de Historia, Geografía y Filosofía de la UCA y codirector de las investigaciones en Los Caños.

Según Bernal, las termas exhumadas, que datan del siglo I y están en excelente estado de conservación, son un "complejo termal rural que disponía de un circuito de aire caliente alimentado por un horno que emanaba a través de cámaras en suelo y en las paredes" y sirvieron para "dar un servicio de higiene, y de ocio, a los trabajadores de las almadrabas, de las fábricas de salazones y de acuicultura de la zona". Según los investigadores, la presencia de este gran complejo termal (del que se han conservado hasta los dinteles de la puerta y varias ventanas) en la zona sugiere la existencia de más edificios a su alrededor. A quinientos metros de este hallazgo aparecieron unas estructuras de viveros y piletas que formaron parte de una gran villa marítima romana (donde en anteriores campañas se habían descubierto un capitel corintio y restos de pinturas murales). "En sus residencias de recreo, los romanos solían tener viveros. Era un elemento de ostentación", explica Bernal.




UNA TUMBA DE LA EDAD DEL BRONCE

El último hallazgo en la zona fue una tumba megalítica de principios de la Edad del Bronce, datada en unos cuatro mil años. "Es la primera vez en Barbate y en la comarca que se documentan sepulturas de estas características, que son muy similares a la necrópolis de Los Algarbes de Tarifa", ha destacado Bernal. El interior tenía un corredor que llevaba a una cámara funeraria de tres metros de diámetro donde se hallaron los restos de seis mujeres y una niña, que van a ser sometidos a análisis isotópicos en un laboratorio de Florida para aclarar su procedencia y las posibles relaciones de parentesco que puedan presentar. En la tumba también se descubrieron algunos elementos de ajuar funerario como adornos personales de oro y níquel. La necrópolis donde se halló la sepultura fue exhumada tras una cata en la que participaron estudiantes del máster de Patrimonio de la UCA. Por su parte, algunos investigadores como Eduardo Vijande, profesor titular del departamento de Historia, Geografía y Filosofía de la UCA, creen que en este lugar podría hallarse una necrópolis de grandes dimensiones. "Estamos en un enclave único, por lo que quizás esta zona se estableció como tributo para sus seres queridos", comenta el investigador.




La Universidad de Cádiz tiene previsto emprender unas nuevas excavaciones en el yacimiento en otoño. Mientras tanto, los descubrimientos han sido cubiertos de manera preventiva "con arena y geotextil de cara a su protección inmediata ante la inminente llegada del turismo a la zona y de los agentes meteorológicos", ha declarado Patricia del Pozo, consejera de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, que pretende además iniciar los trámites necesarios para declarar el lugar Bien de Interés Cultural, y posteriormente proceder a su musealización.

La puesta en valor del yacimiento, que aportará a los investigadores información determinante sobre las costumbres de los habitantes de la costa gaditana en época romana, permitirá además "plantear un circuito que potencie el incuestionable valor patrimonial de una zona con un gran valor medioambiental y enormemente atractiva para las civilizaciones, con una historia brutal que constituye un enorme paseo por la naturaleza y por el tiempo", concluye Del Pozo.


Tumba megalítica



Piletas para salazón


Fuente:  https://historia.nationalgeographic.com.es/

miércoles, 9 de junio de 2021

LA EDAD DE LAS NUECES







Los niños que vivían en tiempo de los césares de Roma ¿jugaban a ser generales, gladiadores o aurigas del circo? ¿Cómo eran las muñecas a las que cuidaban las niñas? ¿Qué solían hacer, tanto niños como niñas, con un puñado de nueces? ¿Ayudaban a sus padres en el trabajo, fuera y dentro de casa? ¿Qué aprendían en la escuela? ¿A partir de qué momento se consideraba que dejaban de ser niños?

En La edad de las nueces, José María Sánchez Galera nos da a conocer, a través de la literatura, el arte y la arqueología, lo diferentes o parecidos que eran los niños de la Antigüedad clásica y los de nuestro tiempo. Describe cómo eran sus juguetes, qué significaba su nacimiento, a qué tipo de escuela iban. Desentraña los procesos sociales e históricos, señala los cambios, continuidades y alteraciones que supuso para la infancia el surgimiento del cristianismo dentro del Imperio romano.
Se trata, pues, de un ensayo en el que se da voz a los niños de la Antigüedad. Como asegura en el prólogo Gregorio Luri, «quizás los lectores jóvenes puedan creer que este libro trata de tiempos remotos; pero eso solo indicaría lo lejos que están de la infancia de sus abuelos».


Hablando acerca de sus nietos, escribe Gregorio Luri que, "en no pocos aspectos", la infancia de una persona nacida durante el siglo XX, como él, estuvo más cerca a la de un niño romano que a la de un niño actual. Se refiere, cómo no, a las diversas metamorfosis que ha desarrollado una sociedad como la nuestra, "que ha roto tantas amarras con el pasado". Pero a veces uno llega a preguntarse si la cosa no funciona más bien al revés: si no es el pasado el que rompe siempre con un presente aparentemente incomprensible. Ese que tan sólo es problemático hasta que acaba, cuando al fin es revestido de nostalgia y va a parar con todo aquello que hace tiempo que dejó de generar incertidumbre.

 Las reflexiones de Luri se desarrollan en el prólogo de una obra del humanista José María Sánchez Galera titulada La edad de las nueces (Encuentro) y dedicada, precisamente, a la infancia durante la Roma Imperial, por lo que cualquier comparación exagerada en realidad está justificada. El propio Luri explica después que el mero hecho de que él se sienta tan próximo a muchos de los niños que aparecen en el libro, nacidos y crecidos hace dos milenios, sólo indica una verdad: que ningún cambio social, por radical que sea, acaba siendo tan determinante como para alterar mínimamente "el horizonte de las cosas humanas".

Siguiendo esa lógica podemos descubrir, a lo largo de este extenso análisis que hace Sánchez Galera sobre las sensibilidades que tenían los antiguos con la infancia —y de los cambios que introdujo paulatinamente la mentalidad cristiana—, cuestiones tan atemporales como la ignorancia inocente de la niñez o la insolencia pueril adolescente. Llenan este libro papiros de hace miles de años en los que un chaval abúlico se pasa treinta páginas contestando con monosílabos a un padre desesperado, por ejemplo, o las quejas que un niño malcriado le mandó a su padre por no habérselo llevado de viaje. También los llantos por las muertes prematuras o las evoluciones legislativas encaminadas a condenar la pederastia.

La cosa es más relevante de lo que parece porque la manera de tratar a los niños en la antigua Roma, aunque parecida en algunas cosas, no tenía nada que ver con lo que a nosotros nos parece mínimamente normal en estos tiempos. La mera existencia de la esclavitud infantil, por ejemplo, o la concepción de la familia como si fuera un club de fútbol —en palabras del autor—, que tan pronto intercambiaba hijos como adoptaba a otros nuevos, parece separarnos de aquellos individuos mucho más que de los que desde hace 15 años han venido siendo criados por internet. La conclusión final tan solo es que aquí seguimos, siendo iguales desde siempre aunque algunos se resistan a creerlo. A veces hace falta mucho trabajo, mucha erudición y mucha disciplina para descubrir cuestiones evidentes. Por el libro desfilan fuentes de todo tipo, tanto arqueológicas como artísticas y literarias, y la sensación final termina siendo desconcertante en su elocuencia. Ningún factor cultural parece determinar tanto la manera de actuar humana como su propia naturaleza inalterable.

En realidad, ese es precisamente el punto al que pretende señalar Luri en su prólogo. La impugnación de la creencia desmesurada en un constructivismo social que piensa que "eso que llamamos hombre es un artilugio para armar y que cada momento histórico y cada cultura lo arman a su antojo". O que la historia no es más que el relato de un proceso por el que la humanidad se ha ido emancipando, váyase a saber de qué. En contraposición, argumenta: "Cuando, por ejemplo, al intentar comprender a Platón tal y cómo se comprendía a sí mismo, descubrimos que hallamos en él posibilidades de entendernos cabalmente a nosotros mismos (...). [descubrimos también que existen] permanencias antropológicas que, de una u otra manera, nos hacen contemporáneos de Platón". O lo que es lo mismo: la ingeniería social podrá cambiar muchos de nuestros hábitos, pero nunca alterará el misterio extraño por el que continuamos reaccionando igual a las preguntas que no tienen respuesta. Aunque sólo sea por eso, el libro de Sánchez Galera ya es un libro interesante.


Fuente:   https://www.libertaddigital.com/

sábado, 5 de junio de 2021

NUMANCIA Y TIERMES

 

La Junta potencia los yacimientos de Numancia y Tiermes


Yacimiento de la población de Numancia


Con una inversión global de 54.210 euros, se arreglará la casa celtibérica, se mejorará la accesibilidad y se restaurará el entorno de la zona de acceso en Numancia, además de renovar toda la señalética de los puntos visitables de Tiermes.

La Junta de Castilla y León ha contratado, por un importe global de 54.210 euros, actuaciones de mantenimiento, adecuación y conservación en los yacimientos arqueológicos de Numancia y Tiermes, que se suman a otras intervenciones adjudicadas con anterioridad, para estos y otros yacimientos, por 33.180 euros.

Consciente de la importancia que tienen los yacimientos en el patrimonio cultural de Castilla y León y que uno de sus mayores problemas, al encontrarse expuestos a la intemperie, es su conservación y adecentamiento periódico para la presentación a los ciudadanos de la manera más adecuada posible, la Consejería de Cultura y Turismo realiza cada año campañas de conservación y mantenimiento en las zonas arqueológicas, cuyo seguimiento corresponde al Servicio Territorial de Cultura y Turismo.

Además, entre las líneas de actuación de su plan de investigación, conservación y difusión en materia de arqueología se encuentra la conservación y difusión de yacimientos arqueológicos por medio de actuaciones encaminadas a potenciar estos objetivos.

Para esta anualidad se promueve la mejora de los espacios reconstruidos y la accesibilidad en el yacimiento de Numancia, así como la renovación de la señalización informativa del yacimiento de Tiermes.

Yacimiento de Numancia

En el yacimiento de Numancia se va a proceder al suministro y colocación de una cubierta de paja de centeno, mediante la técnica tradicional de engavillado, en la casa celtibérica. Los trabajos incluyen el engavillado de la paja en la finca de labor, el transporte de las gavillas al yacimiento y la colocación de la paja, reforzando la zona de la cumbrera mediante la sujeción de las gavillas con varas de avellano o similar, sujetas estas a la estructura de madera. En los aleros se colocarán varas de madera atadas a los cabrios del interior. También se instalarán largueros longitudinales sujetos al techado. Además, se llevará a cabo la reparación de los manteados de barro en mal estado de conservación en la casa celtibérica y en la muralla.

Estas edificaciones, levantadas con criterios de arqueología experimental, presentan los deterioros habituales de las construcciones elaboradas mediante técnicas tradicionales, por lo que resulta necesario acometer esta intervención para preservar su integridad estructural y mantener su estética de origen. Para las reparaciones se plantea utilizar las técnicas empleadas en el momento de su construcción, que se atuvieron a premisas consistentes en el empleo de prácticas constructivas documentadas en ese momento histórico, con el uso de materiales utilizados tradicionalmente en la zona y acabados encaminados a lograr una ambientación adecuada.

Para mejorar la accesibilidad del yacimiento se perfeccionará el pavimento de las pasarelas de zahorras mediante la incorporación de tablones de madera de pino tratado en autoclave y con acanaladuras antideslizantes. También se reparará el vallado de cañizo natural existente en la zona de acceso al yacimiento.

Estos trabajos han sido adjudicados a la empresa soriana Areco por un importe de 36.300 euros.

A finales del pasado mes de abril, y con el objeto de subsanar sus necesidades de conservación y adecuación del yacimiento, ya se programó la protección de las estructuras exhumadas de la manzana XXIV (aproximadamente 450 metros cuadrados), una vez finalizados los trabajos de excavación, recuperando de esta manera la topografía del lugar y adecuando este sector por el que discurre el itinerario de visita. Estas actuaciones se adjudicaron, a la citada Areco, por 7.950 euros.


Yacimiento de la población de Tiermes


Mejora de la señalización en el yacimiento de Tiermes

En Tiermes, y con la finalidad de mejorar su visita y divulgación, se va a renovar toda la señalética de los puntos visitables. Los entornos históricos y arqueológicos tienen unas características que hacen especialmente necesaria la información puntual y acorde con los ambientes en los que se integran. Las señales son la carta de presentación de los monumentos y yacimientos y suponen una mejora del servicio que se ofrece al usuario, por lo que se deben adecuar y actualizar sus contenidos.

El objetivo de los trabajos es la mejora de las señales informativas del yacimiento para que sirvan a su propósito de informar, orientar y guiar a los visitantes.

Se repararán y reformarán los veinticinco atriles informativos de los puntos de visita del yacimiento, la señal panorámica, las situadas sobre las barandillas y los cinco pequeños atriles de guiado, así como las dos señales informativas de gran tamaño. Se instalará una señal nueva en la necrópolis altomedieval del río y se adecuará el entorno de todos los elementos.

Esta actuación, adjudicada a la empresa soriana Arquetipo por un importe de 17.910 euros, complementa otras intervenciones de mantenimiento que la misma empresa está realizando en el yacimiento por una cuantía de 6.374,15 euros.

Esta zona arqueológica, declarada Bien de Interés Cultural, conserva restos de distintas etapas culturales. El periodo de mayor esplendor fue la etapa romana, a la que pertenecen la mayor parte de los restos localizados en el cerro. El yacimiento cuenta con un itinerario acondicionado para la visita y en la actualidad es objeto de un proyecto experimental promovido por la Junta de Castilla y León denominado ‘Tiermes, Laboratorio Cultural’.

Estas actuaciones, adjudicadas a finales de marzo, consisten en la aplicación de herbicida en las zonas acondicionadas para la visita y desbroce en aquellos puntos que dificulten el recorrido; la retirada de la vegetación y adecuación con limpieza de cartelería, recolocación y arreglo de señales; y la realización de pequeños ajustes en pasarelas, así como el vertido de grava compactada en el tramo del acueducto visitable entre la zona sur y la Casa del Acueducto, en los puntos en que la acumulación de agua dificulta la visita.

Uxama, zonas arqueológicas visitables y yacimientos de icnitas de la provincia

Los trabajos en el yacimiento de Uxama, adjudicados a Arquetipo por 3.995 euros, están destinados a mantener el yacimiento en buenas condiciones, incidiendo en la supresión de la vegetación y en la realización de actuaciones básicas de conservación en las zonas e itinerarios adaptados a la visita. En la aplicación de productos fitosanitarios se tiene especial cuidado en que no afecten al medio ambiente ni a los visitantes y se efectuarán tres tratamientos durante la duración del contrato.

Consciente del valor histórico-natural de los restos de icnitas de nuestra provincia, la Junta de Castilla y León ya contrató la adecuación de los diecisiete yacimientos con huellas fósiles de dinosaurio que forman parte de la denominada ‘Ruta de las Icnitas de la provincia de Soria’, por un importe de 8.863,69 euros, a la empresa Paleoymas.

Los yacimientos objeto de la intervención son: ‘El Tormo’ y ‘Santa Cruz’, en Santa Cruz de Yanguas; ‘Valdegen’, ‘Fuentesalvo’ y ‘Serrantes’, en Villar del Río; ‘La Dehesa de Gallinero’, en Almarza; ‘El Royo’ y ‘Valles de Valdelalosa’, en Valdelavilla; ‘Las Adoberas’, en Matasejún; ‘San Roque’, en Ventosa de San Pedro; ‘El Frontal’, ‘Fuentelacorte’, ‘La Matecasa’, ‘Corral de la Peña’ y ‘La Peña’, en Bretún; ‘El Salgar de Sillas’, en Los Campos; y ‘Miraflores’, en Fuentes de Magaña. En todos los casos, se trata de yacimientos vallados y señalizados en años anteriores.

Con un presupuesto total de 5.997,60 euros, la Dirección General de Patrimonio Cultural adjudicó a Arquetipo trabajos de limpieza y mantenimiento en diversos yacimientos de la provincia expuestos a la vista: Canalización romana ‘Cueva de la zorra’, en Ucero; Dolmen ‘Alto de la Tejera’, en Carrascosa de la Sierra; Sepulcro romano turriforme de ‘La Casa de la Mora’, en Vildé; Horno de Fábrica de la Ermita de Nuestra Señora de la Vega, en Serón de Nágima; y Necrópolis rupestre de San Baudelio. En todos los casos, se trata de yacimientos en los que la Junta de Castilla y León ha llevado a cabo actuaciones para su valorización y visita pública, todo ellos son accesibles y cuentan con señalización.


Fuente:  https://sorianoticias.com/

lunes, 31 de mayo de 2021

UN PASEO BAJO LA SOMBRA DEL VESUBIO

 





Nápoles está tan dentro de mi memoria que siento el impulso egoísta de proclamar que me pertenece, pero no es cierto; soy yo la que pertenece a esa vieja tierra fronteriza y peligrosa por instinto, por genética, por amor; por eso hace un año que estudio el calendario, tratando de enlazar los días, urdir estrategias, combinar trenes y vacunas que puedan burlar la epidemia y me permitan volver. Aunque sea por última vez.

Mientras, me entretengo contabilizando bellezas pasadas en una aritmética melancólica que incluye puestas de sol en Chiaia, grafitis apasionados en las piedras de la bahía, el fragmento de una gigantesca luna tiñendo de plata el Castel dell’Ovo, el sabor de los spaghetti alle vongole recién hechos, los besos dulces de Virgilio, la cerveza fría en via Pignasecca, o la luz de aquella mañana de noviembre en la que, desde la terraza helada de mi hotel, contemplé por primera vez en mi vida el Vesubio completamente cubierto de nieve.

Ese amanecer excepcional, silencioso y gris me permitió viajar muy atrás en el tiempo, hasta aquel terrible año 79, en el que la ceniza enfurecida del volcán cubrió de muerte y olvido esta parte de la Campania.

A pocos kilómetros de la actual Nápoles, enfilando la carretera de Pozzuoli (pueblo natal de la bella Sophia Loren) el viajero puede seguir los pasos virgilianos que conducen a la Cueva del Oráculo de Cumas, acercarse a la entrada del Averno, reflejándose en las aguas tranquilas del cráter o beber un Chianti helado junto al Parco Somerso de Baia, el museo subacuático que conserva los húmedos restos de la que fuera base naval de la armada romana, sede de la más importante flota romana, la Classis Misenensis. Plinio el Viejo fue el prefecto a cargo de esa imponente flota naval, viviendo y trabajando junto a su sobrino en una villa cercana hasta aquel fatídico año 79. El muchacho, Plinio el Joven, será testigo y cronista de excepción en los días apocalípticos de la erupción del Vesubio, narrando en detalle los hechos, incluida la muerte heroica de su tío.

Comprenderán entonces que cuando la editorial Siruela me hizo llegar a casa el bello libro Bajo la sombra del Vesubio no lo leí, sino que me zambullí sin respirar al interior de sus páginas como si volviera a bucear de nuevo bajo el cabo Miseno. La ciega pasión por todo lo napolitano me hace ser muy parcial, y les confieso que me habría gustado igual si hubiese sido un libro más de los muchos que ahora se publican probando suerte a ver si suena la flauta mágica, pero resulta que no, que no es un libro más.

Escrito con una seducción que ya quisieran muchos novelistas actuales, este ensayo histórico que pretende biografiar las vidas de los dos Plinios trasciende su aspiración inicial. No se trata, en efecto, de una mera biografía, tampoco de un ensayo erudito y asfixiante ni, en el otro extremo, de un anecdotario superficial sobre un hecho ampliamente estudiado como es la erupción del Vesubio. Realmente es un libro de historia contada como solo los ingleses saben hacer (tienen una larga y fructífera tradición en ello): con una falsa sencillez como una sutil red urdida para cazar al lector.




Seduce sin remedio y sin prejuicios, porque desde el inicio este ensayo trata de esconder su erudición sobre el tema superponiendo a los datos la mirada inteligente, curiosa, humana, de los Plinios. Y ya está. Ya tiene atrapado al lector desde el primer capítulo, quien continúa la lectura de las casi 400 páginas hasta el final como si se tratara de un thriller, atravesando sin cansancio y con una creciente curiosidad la vida y el mundo de estos dos hombres que, no olvidemos, hasta casi la Baja Edad Media fueron considerados un solo Plinio, fundiendo en tratados y escritos al autor de La Historia Natural con su joven sobrino, el cronista de la erupción del Vesubio.

Por gustar, me ha gustado hasta el epílogo, lugar de agradecimientos reservado en este tipo de libros para el círculo más allegado al autor, por lo que casi nunca lo termino de leer, pero que en este caso sí hice, al ser muy revelador de la forma bella y singular, evocadoramente extraña, de contar la historia de su autora, Daisy Dunn, joven doctora en Clásicas e Historia del Arte en el University College de Londres, pero sobre todo dueña de una honesta, yo diría que hasta humilde y quizás por eso, rutilante manera de escribir:

“Trabajando en este libro he intentado rendir homenaje a los Plinios al ir adaptando mi escritura, como hicieron ellos también, a las estaciones del año: lanzándome a la nieve pliniana en lo más crudo del invierno y arando sus campos durante la canícula veraniega […]. A lo largo del proceso también he llegado a conocer un poco las tentaciones de Plinio. Estándome prohibido optar por el camino más fácil, he sostenido una ostra en la palma de mi mano, me la he acercado a la nariz y he acariciado el interior sedoso de su concha, aunque sin probar su carne. Soy aterradoramente alérgica a las ostras”.

No dejen de probar este fruto literario. Es delicioso.




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Ojalá este libro de Daisy Dunn (Londres, 1987) hubiera existido cuando yo estudiaba. En realidad hubo dos autores romanos llamados Plinio —el Viejo y el Joven, como se les conocía; un tío y su sobrino—, y nunca pude distinguirlos. Dunn hace una convincente defensa de ambos. A primera vista, su protagonista es el Joven, pero la autora va y viene de uno a otro, y el tío incluso acapara la atención por un tiempo. ¿Cómo competir con alguien tan intrépido como para morir intentado observar de cerca un volcán activo?

Plinio el Viejo, nacido alrededor del año 24 d. C., era un polímata, la clase de persona que no podía estarse quieto. Fue naturalista y filósofo, soldado y almirante, y un escritor incansable que produjo cerca de 100 obras. De ellas solo ha sobrevivido una: Historia natural, una enciclopedia en 37 volúmenes que pretendía contener todo lo que entonces se sabía sobre el mundo.

Su insaciable curiosidad fue lo que lo mató. Cuando el Vesubio entró en erupción el año 79 d.C., él y su sobrino de 17 años se encontraban a unos 48 kilómetros de allí, en Miseno, donde Plinio el Viejo tenía a su cargo la flota imperial. Fascinado por una extraña nube que apareció en el horizonte, decidió acercarse en barco e investigar, pero lo que empezó como una expedición científica pronto se convirtió en una misión de rescate, y acabó pereciendo asfixiado por la lluvia de ceniza y piedra pómez mientras intentaba que pareciese que no había de qué preocuparse.


Todo esto lo sabemos porque, unos 30 años más tarde, su sobrino escribió sobre la erupción en un par de cartas al gran historiador romano Tácito. Las cartas han sido objeto de numerosas antologías, y con razón: son vívidas y están llenas de suspense y de detalles conmovedores sobre el sufrimiento de los supervivientes. Plinio el Joven vivió para escribirlas porque, como era propio de él, estaba enfrascado en un libro y declinó la invitación a unirse a la expedición de su tío. Plinio el Viejo era audaz e imaginativo. El Joven, un empollón algo pedante. Hizo carrera como abogado ganando los casos no con elocuencia, como hacía Cicerón, sino por pura tenacidad.

Anhelaba ser un poeta del amor como Catulo (sobre el cual Dunn ha escrito un libro excelente), pero no tenía ni el talento ni el valor para revelar su erotismo con tanta franqueza. Su reputación literaria se basa en sus cartas, de las cuales han sobrevivido 247. Plinio afirmaba que las había recopilado y ordenado sin el menor cuidado, pero casi con total seguridad las retocó para dar buena imagen a la posteridad. Por ello, a veces resultan algo afectadas. Con todo, las cartas de Plinio brindan una visión valiosa y profunda de la vida romana a finales del siglo I y comienzos del II, cuando el Imperio estaba en su apogeo, pero también sumido en la inestabilidad política.

Salvo por su época de legado, el joven Plinio no llevó una vida agitada. No fue un héroe de guerra, como su tío; no tuvo una vida amorosa, como Catulo, ni una carrera política significativa, como Cicerón. Dividió la mayor parte del tiempo entre los tribunales y la atención a sus heredades, y se abrió camino en el escalafón senatorial agachando la cabeza.

Dunn es una buena escritora, con algo de la relajada erudición de Mary Beard, y sus traducciones de ambos Plinios son elegantes y precisas. Al final, su entusiasmo, junto con su buen ojo para los detalles sorprendentes, conquista al lector, y el joven Plinio emerge poco a poco como un personaje generalmente agradable, interesante por ser normal y por la manera en que se asemeja a nosotros, los habitantes del presente. Casi resulta familiar como nunca habría podido serlo Plinio el Viejo. Tal como señala la autora, era un detallista, no un gran pensador como su tío. Pero también era un hombre respetable y generoso que ayudó a los perseguidos por el tiránico Domiciano.

Incluso los fracasos de Plinio tienen algo entrañable. Estaba obsesionado con dejar alguna gran obra como la de su tío, pero no podía decidir cuál debía ser y temía no completarla nunca. “Los que viven de día en día inmersos en los placeres ven sus razones para vivir cumplidas a diario”, escribió, “mientras que para los que piensan en la posteridad y prolongan el periodo por el que serán recordados a través de su obra, la muerte es siempre repentina, ya que interrumpe algo antes de que esté terminado”. Por eso vacilaba y postergaba, mientras disfrutaba de algunos de esos placeres cotidianos, aunque quizá no en la medida suficiente como para ser feliz.



viernes, 28 de mayo de 2021

UN TABLERO DE JUEGO

 


Descubierto un tablero de juego de soldados romanos del siglo II a.d.C.

La tabula servía para jugar al ludus latrunculorum, o juego de los mercenarios





Un equipo de arqueólogos de la Universitat Autònoma de Barcelona ha localizado y documentado una piedra datada en el siglo II antes de Cristo, en la que los soldados romanos de un destacamento se distraían jugando al ludus latrunculorum, o juego de los mercenarios. Según la arqueóloga, Esther Rodrigo, que junto a Núria Romani, dirigen los trabajos de excavación del yacimiento del castellum romano de Puig de Castellar, en Biosca, (La Segarra), no es la primera tabula lusoria (tabla de juego) encontrada en restos arqueológicos en España o Europa, pero sí la más antigua hallada, ya que se sitúa entre los años 170 y 180 antes de C., en un enclave militar y después de la segunda Guerra Púnica, cuando las legiones de Roma acometieron la dominación definitiva de Hispania. 


Es un tablero de juego de época republicana y hallado en un contexto militar, mientras que los otros tabulae se han encontrado en edificios civiles y se han datado en época imperial, muy posteriores, como los hallados en Galicia o en el muro de Adriano en Britania.





El yacimiento de Puig de Castellar en Biosca se está excavando desde el año 2012 y el castellum cabe enmarcarlo en la presencia romana que irradia desde la ciudad de Iesso, la actual Guissona. “La encontró un estudiante en práctica durante las excavaciones del verano de 2019 y después de estudiarla, entendemos que es un elemento que nos puede ayudar a entender cómo serían los momentos de descanso de los legionarios romanos alojados en una fortificación en una zona ya pacificada, en una fortificación en la que tenían que matar el aburrimiento con lo poco que tenían”, afirma Esther Rodrigo.


La tabula apareció entre dos fuegos que servían para calentar la estancia donde se alojaban los soldados, un espacio que los acogía y que debía servir de alojamiento y dormitorio. La piedra presenta una retícula cuadrangular de 11 por 16 casillas, en total 176 casillas, un diseño casero, probablemente fabricado por los mismos soldados que le dieron uso.

Según los testimonios escritos de la literatura latina, el ludus latrunculorum, o juego de los mercenarios no sería un entretenimiento de azar, sino que los jugadores debían desarrollar su ingenio e inteligencia al tratarse de un juego de estrategia y táctica militar. Según Esther Rodrigo, “las fuentes literarias no se ponen de acuerdo y desconocemos, no tenemos certeza ni sobre las reglas ni sobre cómo se desarrollaba”. “Los especialistas que hemos consultado –añade- se muestran de acuerdo en que sobre el tablero dos jugadores confrontaban dos ejércitos, y se erigía como ganador el que conseguía mantener un mayor número de piezas sin capturar en juego. La estrategia consistiría en intentar acorralar, inmovilizar y capturar las fichas del contrincante hasta conseguir su rendición”. Las excavaciones no han encontrado ninguna ficha del ludus latrunculorum.






El castellum romano de la colina de Puig de Castellar en Biosca sirvió para avanzar en la pacificación de los territorios que las legiones romanas iban conquistando en Hispania. Las excavaciones del equipo arqueológico de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAB, seguirán en los próximos veranos. Se sabe que estaba amurallado y que en el centro estaba el edificio del comandante del puesto y que los soldados se alojaban en casas que se construían junto a las murallas. El recinto militar fue abandonado probablemente entre el siglo II y I antes de Cristo sin violencia, probablemente por qué ya no tenía la utilidad militar para la que fue construido después de la Segunda Guerra Púnica, cuando Carthago delenda est.



martes, 25 de mayo de 2021

FRIGIDARIUM DE LA LEGIO VI VICTRIX

 

Descubren la gran piscina del frigidarium de la Legio VI Victrix

Casi un siglo separa las termas de la Legio VI Victrix de la VII Gemina, un centenar de años en los que el suelo de la actual ciudad se alzó al menos un metro de altitud. El imperio modificó el campamento y uno de sus edificios principales

Recreación del frigidarium de las termas


Se sabía que estaba, pero no cómo era ni su disposición. Los vestigios de la Legio VI se perdieron en gran parte por la ocupación de la Legio VII Gemina, pero los arqueólogos no han dejado de buscar los enclaves en los que aquellos primeros emisarios imperiales trazaron la efigie de lo que hoy es León. Uno de ellos es el catedrático de arqueología de la Universidad Complutense de Madrid Ángel Morillo Cerdán que, junto a Victorino García Marcos y Rosalía Durán, ha perfilado las diferentes dependencias de las termas del primer campamento. «Ya sabíamos que las termas de la Legio VII eran más grandes que la Catedral. Había salas calefactadas de 30 metros de longitud con un hipocausto de un metro de altura, pero no conocíamos la disposición de las termas anteriores. Los primeros restos surgieron tras las labores de restauración de la Catedral a mediados del siglo XIX. En 1996 las obras en el Sector de Puerta Obispo pusieron al descubierto, junto a la porta principalis sinistra del campamento de la Legio VII Gemina, la esquina de la gran manzana ocupada por el edificio termal. Dichas evidencias se encontraban muy arrasadas debido a la subida de la cota de la topografía original del campamento en este sector, que presentaba un fuerte declive hacia el este, lo que impidió proseguir la excavación hasta delimitar las estancias-

La primera evidencia

Morillo Cerdán, catedrático de arqueología de la Complutense, ha hallado la primera evidencia de las termas de la Legio VI, en concreto la gran piscina del frigidarium (sala fría), primera etapa del circuito propio de los ‘spas’ romanos. El análisis arqueoarquitectónico ha permitido conocer la secuencia constructiva completa del mismo, sin duda vinculado a las termas legionarias que se extendían bajo la gran manzana que después ocuparía la Catedral. Este espacio estuvo ocupado en un primer momento por la gran piscina de un frigidarium, construida en opus caementicium y pavimentada en opus spicatum, inscrita en una gran estancia rectangular que se pierde bajo la Catedral. Algunos argumentos permiten proponer su antecedencia a la construcción de la gran puerta monumental, por lo que debería corresponder al campamento julioclaudio ocupado por la Legio VI Victrix entre 15 y 68 d. C.

En una fase posterior, la piscina fue amortizada y reutilizada, conformando la infraestructura de unas letrinas cuadrangulares, pavimentadas con losas de piedra y dotadas de una antecámara con un posible labrum y un zócalo con placas marmóreas importadas de Estremoz (Portugal). Aunque se han perdido por completo los asientos, es posible determinar que presentaban bancos corridos en dos o tres de sus lados, posiblemente de madera. Esta transformación debió tener lugar en el momento en que se construye la porta principalis sinistra, obra monumental erigida durante el último tercio del s. I d. C. La estancia destinada a las letrinas de las termas permaneció en uso hasta la segunda o tercera décadas del s III d. C. En ese momento el espacio sufre una nueva adaptación en la que se emplea abundante ladrillo reutilizado, que amortiza completamente las letrinas. De hecho, durante las catas aparecieron monedas depositadas en el fondo del canal de desagüe de las letrinas, que marcan la historia de este edificio desde época flavia hasta mediados del Siglo III, época en la que desaparecen esta infraestructura sanitaria. El posicionamiento topográfico de los restos constructivos permite avanzar interesantes datos de cara a la reconstrucción del urbanismo y los cambios en la topografía de este sector del campamento romano de las legiones VI Victrix y VII Gemina.

La ciudad creció un metro

De hecho, Ángel Morillo destaca que hay zonas exteriores al campamento que se alzaron alrededor de seis metros en menos de un siglo, mientras en su interior el nivel de paso subió un metro, extremos que dan una idea de lo que supuso la transformación de León entre la época augustea y la llegada de la Legio VII en tiempos del el emperador Galba.



Fuente:  https://www.diariodeleon.es/

domingo, 23 de mayo de 2021

TERMAS DE TRAFALGAR

  

Descubren unas termas romanas entre las dunas del Cabo de Trafalgar, en Cádiz



Un grupo de arqueólogos de la Universidad de Cádiz ha descubierto unas termas romanas en el Cabo Trafalgar. Las dunas que rodean la zona han protegido durante casi dos mil años estos restos que ahora han salido a la luz en un estado excepcional de conservación.

"Es una estructura con un estado de conservación excepcional en la Península Ibérica y, en general, en el Mediterráneo Occidental", explica el catedrático de Arqueología de la Universidad de Cádiz, Darío Bernal. Lo llamativo de este caso es que la estructura mantiene en pie casi cuatro metros de alzado, con sus puertas y sus ventanas.

Darío Bernal y su equipo han constatado que se trata de un sofisticado complejo termal rural, que disponía de un circuito de aire caliente alimentado por un horno que emanaba a través de cámaras en suelo y en las paredes. Se estima que su antigüedad puede datar del siglo V después de Cristo.

Su hipótesis es que estas termas servirían para dar un servicio de higiene, y de ocio, a los trabajadores de las almadrabas, de las fábricas de salazones y de acuicultura de la zona, unos empleos que a buen seguro impregnaban de olor y suciedad a quienes lo desempeñaban.

De hecho, cuando Darío Bernal y su equipo comenzaron a excavar la parte de la construcción que permanecía visible sobre el suelo, un muro de unos treinta centímetros, esperaban encontrar una cetaria, un vivero comunicado con el mar donde se mantienen para su engorde de crustáceos y pescados.


La presencia romana en Cádiz

Estas estructuras son en realidad el objetivo del proyecto de investigación "Arqueostra" que este equipo de arqueología desarrolla en el Cabo de Trafalgar y en los Caños de Meca para estudiar el origen de la acuicultura, una práctica que inventaron los romanos, en Andalucía y en Marruecos. Muy cerca del propio Faro de Trafalgar, a unos 500 metros del lugar en el que han emergido las termas, ya emergieron hace años unas estructuras de viveros y piletas romanos, supuestamente de una etapa anterior al nuevo hallazgo.

El hallazgo de estas nuevas termas, con varias habitaciones que posiblemente contarían con distintas temperaturas y piletas con agua, da idea de que el enclave pesquero que habría en esta zona era "mucho más importante de lo que pensábamos", ha explicado Bernal. "Si tenían un complejo termal, probablemente hay varios edificios más soterrados que esperamos poder investigar y sacar a la luz en los próximos meses", añade.

Estos asentamientos de acuicultura serían un prueba de que, tras la pacificación de Hispania, a esta zona llegaron colonos italianos de clase alta que implantaron los modelos de desarrollo urbanístico que tenían en su tierra de origen.

"Es sus residencias de recreo solían tener viveros. Era un elemento de ostentación. Hay muchísimos escritos que relatan como las élites romanas presumían del tamaño de viveros y de las especies que criaban para consumo propio o para vender. Cicerón siempre atacaba estos excesos", cuenta Darío Bernal. Las termas halladas ahora, conservadas gracias a la rapidez con la que, al ser abandonadas, el viento las sepultó en arena, son otra prueba más del rico mundo romano que habitó en estas costas.

Una tumba de la Edad de Bronce

El hallazgo de la terma romana ha destapado más tesoros de la historia. A escasos metros del Faro de trafalgar, también se ha descubierto una tumba megalítica. En una cueva artificial, excavada por el hombre, se ha encontrado una cámara circular funeraria de casi tres metros de profundidad.

Los arqueólogos de la Universidad de Cádiz estiman que hace 4.000 años el paisaje debió despertar la admiración de los habitantes de la zona para escoger este espacio como lugar de sepultura. "Debieron sentir que era un sitio especial para enterrar a sus seres queridos", explica el profesor Eduardo Vijande, que se ha encargado de esta excavación con el equipo del Área de Prehistoria de la Universidad de Cádiz.

La cámara ha sido hallada intacta, ya que no ha sido abierta desde la deposición funeraria. En ella estaban los restos óseos completos de una mujer adulta en muy buen estado de conservación, junto a adornos como cuentas de collas verdes o hechas con conchas, dos pequeños pendientes de oro y un peine de hueso.

En el pasillo que conduce a la cámara se han encontrado múltiples piezas cerámicas y restos óseos de al menos cinco individuos en un osario, también en muy buen estado de conservación. Su estado es excepcional, tanto el de la tumba como el de los restos, algo que permitirá interesantes estudios para ver el parentesco de los individuos allí enterrados, conocer su dieta y concretar con más exactitud la fechas en las que el enterramiento estuvo abierto.

El hallazgo y las características de esta tumba hacen pensar que el Tómbolo de Trafalgar fue una necrópolis y que en los alrededores probablemente haya más enterramientos descansando bajo la arena de las dunas, un elemento que ha facilitado la conservación de estos restos.


Fuente: https://www.rtve.es/noticias

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