In memoriam Pedro Morales Cuenca.


En la localidad conquense de Torrejoncillo del Rey, fue descubierta en el año 1955, por D. Pedro Morales, una cavidad revelada en sueños, como un lugar donde encontraría un singular tesoro escondido en un palacio de cristal.

Tres meses de intensos trabajos dieron como resultado el hallazgo de una cavidad subterránea que resultó ser una mina romana de lapis specularis, de la que no quedaba ni el recuerdo.

En la actualidad, gracias a la intervención de la asociación arqueológica: Cien mil pasos alrededor de Segóbriga y la diputación provincial de Cuenca, se ha convertido en lugar de obligada visita tanto por su interés histórico como cultural.

Si deseas saber más sobre esta historia, accede mediante este link

https://moraencantada.blogspot.com/2011/04/historia-de-un-sueno.html


domingo, 9 de mayo de 2021

ANFITEATROS DE TOLEDO Y SEGÓBRIGA

 

El anfiteatro romano de Toledo es similar al de Segóbriga





Imagen idealizada de la ubicación del anfiteatro de Toledo


Textos del siglo XVII ya lo describen y se conocía su ubicación exacta en la calle Honda desde mediados del XIX. Se trataría de uno de los anfiteatros de menor tamaño de Hispania. Sufrió voladuras en 1906.

El hallazgo la pasada semana de dos bóvedas del sepultado anfiteatro romano de Toledo en un solar en obras de la calle Honda, en el barrio de las Covachuelas, ha puesto encima de la mesa el debate de qué se debe hacer con los restos.

A seis metros de profundidad, con sensación de tener continuidad bajo tierra, las bóvedas se encontraron fortuitamente al perforar una zapata de cimentación. Se trataba de los primeros trabajos de construcción de una vivienda unifamiliar que ahora está en el aire.


Bóvedas del anfiteatro descubiertas en Toledo


El arqueólogo de la propiedad, Javier Peces, es consciente del valor de los restos, pero pide a la Junta que actúe con la máxima celeridad toda vez que el damnificado, el propietario, no tiene posibilidad económica de hacer frente a una larga paralización de los trabajos.

Ahora, los responsables de Patrimonio de la Junta de Comunidades son los que tienen que decidir qué hacer con los restos, con las obras y con el solar en cuestión.

Hacer algo similar a lo realizado con el teatro romano de Cartagena parece una quimera, porque el edificio toledano, de conservarse, tendría el doble de tamaño. En la ciudad murciana se trataba de un barrio degradado, se contó con financiación privada y se dieron unas circunstancias muy especiales difíciles de que confluyan en Toledo.

Así pues, la mayor parte de los especialistas consultados por La Tribuna parecen decantarse por buscar una convivencia entre los restos y la futura vivienda; sin descartar tampoco que se cataloguen, se protejan con geotextil y se cubran de hormigón.


El anfiteatro toledano pudo ser similar al de Segóbriga


Rebeca Rubio, decana de la Facultad de Humanidades y una de las mayores especialistas en el Toledo romano, destaca la importancia del hallazgo, aunque resalta que no es tan descubrimiento toda vez que se sabía ya con certeza que el anfiteatro estaba bajo la calle Honda.

«Es una pequeña sección del anfiteatro y gracias a ella, con estudios, se podría saber la extensión del graderío. Es un descubrimiento muy importante porque nos permite documentar restos in situ y eso nos puede dar mucha información: orientación, altura, dimensiones, ubicación de la arena...», explica Rebeca Rubio, que también tiene muy claro que si se optara por esta opción de conservación «hay que apoyar al propietario».

Las administraciones están de momento en fase de estudio, pero por lo que se sabe hasta la fecha no se descarta nada. Por eso, no es extraño que a los toledanos les surja la duda de si el anfiteatro tiene verdadero potencial.

En el siglo XVII, el sacerdote Cristóbal Lozano, en su libro ‘Los Nuevos Reyes de Toledo’, hacía referencia al anfiteatro diciendo que el barrio de las Covachuelas tomó ese nombre «por las muchas cuevas que allí hubo y que cada día se descubren», procedentes de la estructura romana. Además, apuntaba a que tenía «catorce gradas en contorno», un tamaño considerable que, pese a todo, está más que en duda.


El plano de Paz+Cal fue publicado en la monografía del Consorcio sobre las termas imperiales de Toledo en el artículo Toletum Thermae.


Y es que, los estudios del anfiteatro romano de Toledo lo sitúan como uno de los más pequeños en extensión de Hispania, con un aspecto similar al de Segóbriga, conservado hasta nuestros días.

Rebeca Rubio, en su trabajo ‘El circo romano de Toledo y la Vega Baja en época romana’, reseña que el anfiteatro ya es situado en la calle Honda tanto por Amador de los Ríos padre como por su hijo, a mitad del siglo XIX, así como por el geógrafo Alfonso Rey Pastor en 1932, «en una zona con excelente accesibilidad y aprovechando el pronunciado desnivel natural del terreno para apoyar las gradas de más de la mitad del edificio». Rey Pastor fue más allá y planteó unas posibles dimensiones del edificio, situándolo en unas medidas máximas «de 80x50 metros».

Además, hay que destacar, de cara a encontrar más restos en la zona, que en 1906, tal y como indica el investigador Mariano Maroto Garrido en su obra ‘Fuentes documentales para el estudio de la arqueología de la provincia de Toledo (1991), se procedió a la voladura de muchas partes del anfiteatro que provocaron el desplazamiento de grandes piezas que, con posterioridad, se han ido descubriendo por la zona.


Anfiteatro de Segóbriga (Cuenca)

Fue
https://www.latribunadetoledo.es/

miércoles, 5 de mayo de 2021

EL MOSAICO ROMANO MÁS GRANDE

 

El mosaico romano más grande del mundo está en un pueblo de Cuenca




En el siglo IV, un noble romano decidió hacerse en el pequeño pueblo de Noheda (hoy, 12 habitantes) una lujosa casa de campo, que decoró con los más ricos mármoles de Carrara y Oriente y pavimentó con un mosaico espectacular. Esta lujosa villa es una de las sorpresas de la Alcarria conquense, pero no la única.


Al volante por las bellísimas soledades de la Alcarria conquense, yendo de Cuenca a Guadalajara por la N-320, se rebasa la minúscula aldea de Noheda y, medio kilómetro después, al otro lado de un trigal, aparece como un espejismo un flamante edificio de aluminio, madera y cristal que cobija los restos de una opulenta villa romana, pavimentada con el mayor mosaico figurativo del Imperio. Del que fue dominus (señor) de la villa poco se sabe, salvo que pertenecía a la alta aristocracia y que lo suyo era puro capricho y ostentación, pues han aparecido más de 30 tipos de mármoles. E incluso que se hacía traer el vino de Siria, a casi 5000 kilómetros de aquí.

Este inmenso tesoro es la enésima maravilla romana de Cuenca, provincia donde también deslumbran las ruinas de tres civitates: Segóbriga, Ercávica y Valeria. Esta es la España vacía, sí, pero en otro fue la Hispania abarrotada. De gente y de denarios.



En 1897 el geógrafo Francisco Coello había mencionado la existencia de unas ruinas romanas, con teselas, en la pedanía de Noheda, pero hubo que esperar casi un siglo a que un campesino que araba en El Pedregal lo corroborara al tropezar con más piedras de las que cabía esperar en aquel terreno. Y más coloridas. No eran unas piedras romanas cualesquiera, sino las de una lujosa villa del siglo IV. Solo el salón (triclinium) medía 291 metros cuadrados y estaba decorado con mosaicos dignos del palacio de un emperador. Además de esto, en la villa de Noheda se descubrió el mayor conjunto escultórico en mármol de la España romana, con más de medio millar de grandes fragmentos. Se descubrió y se descubre, porque los arqueólogos aún siguen trabajando y desvelando más secretos de este increíble lugar.

CÓMO SE VISITA LA VILLA ROMANA

Abierta al público en el verano de 2019, la villa –que se visita con guía y reserva previa en cultura.castillalamancha.es (gratuita hasta el 31 de mayo– está protegida por una moderna cubierta y dispone de rampas elevadas que nos permiten caminar por encima y alrededor de las estancias, contemplando los sucesivos mosaicos como quien hojea un libro. Un libro descomunal. El mosaico del triclinium consta de seis paneles con escenas mitológicas y alegóricas: el mito de Enómao, Pélope e Hipodamia, dos pantomimas, el juicio de Paris y el rapto de Helena, el cortejo dionisiaco y Thiasos marino. Pero más que el asunto, llama la atención el tamaño de las figuras, como la de Atenea, que mide 2,18 metros. Aunque nada tan llamativo como el número de teselas. En cada cuadrado de 25 por 25 centímetros se usaron de media 1243 de estas piezas, algunas de milímetros para conseguir un mayor realismo, dando movimiento y sombras a las figuras.

DE VILLAR DE DOMINGO GARCÍA A VALERIA

Noheda es una pedanía de Villar de Domingo García, al que hay que acercarse para visitar el Centro de Interpretación de la Villa Romana. Instalado en el antiguo silo de la localidad, alberga paneles informativos, reproducciones de piezas halladas en la villa romana y buenas fotografías de los mosaicos, que sobre el terreno no siempre se aprecian con tanta calidad y colorido.



En 20 minutos llegaremos a Cuenca para admirar sus casas colgadas y sus rascacielos medievales haciendo equilibrios al filo de las hoces del Huécar y del Júcar. Pero también la catedral de Santa María y San Julián, del siglo XII y estilo gótico-normando; el Museo de Arte Abstracto Español (march.es/arte/cuenca/), instalado en las Casas Colgadas; y si se viaja con niños, el Museo de las Ciencias (museocienciasclm.es), con docenas de atracciones interactivas.

Si queremos seguir descubriendo restos romanos, a 33 kilómetros está el yacimiento de Valeria. Aquí, 1500 años antes que en la propia ciudad, se construyeron casas colgadas sobre la hoz del río Gritos.


Fuente: https://www.hola.com/viajes

sábado, 1 de mayo de 2021

YACIMIENTO DE COMPLUTUM

 

Complutum: el yacimiento arqueológico romano que no sabías que estaba en Madrid

Y es completamente visitable.





Madrid tiene casi todo, podría decirse, menos un mito fundacional. Cualquier cosa menos una historia de carácter original que engrandezca la historia de la ciudad. Hay algo relativo a la antigua Magerit, al hecho de que se escalara la muralla del mismo modo que lo haría un gato, pero pocas conclusiones y pocos conocimientos extendidos.

Sí que hay, sin embargo, la certeza de que donde hoy se ubica Alcalá de Henares, hace un par de milenios se ubicó Complutum. La ciudad romana de Complutum, que en estos tiempos se presenta como una fantástica alternativa cultural al ocio al aire libre, es una prueba de que el legado romano en la península también llega a Madrid en forma de urbe.

Y es que, tal y como definen Complutum desde la misma web del lugar, la ciudad estaba compuesta por “calles rectas sobre cuadriculas ordenadas, pórticos, foros, termas publicas, casas privadas de gusto refinado y ciudadanos cosmopolitas”. Y, claro, bien pensado, estaríamos hablando de un trazado urbano que no dista mucho de algunas zonas madrileñas como el barrio de Salamanca.

Complutum, que desde 1988 está considerada Bien de Interés Cultural y que desde 2008 es parcialmente visitable, da también nombre a una de las universidades más populares de la región. La Universidad Complutense, claro.




En Complutum vivieron alrededor de 15.000 personas, la urbe tuvo infraestructuras hidráulicas, mercados y termas y la lógica de su edificación se entiende desde su privilegiada ubicación: cruce de caminos en todo el medio de la península. Llegó a medir más de 50 hectáreas y el comienzo de su edificación está fechada en el siglo I antes de Cristo.

La entrada a la ciudad romana es gratuita y en ella se desarrollan actividades como talleres o acciones que convierten a los más pequeños en arqueólogos. Además, para que la divulgación del lugar tenga más recorrido y para que su manutención esté asegurada, se ha aprobado un protocolo de actuación firmado por el Ayuntamiento de Alcalá de Henares en colaboración con la Universidad de Alcalá.


https://www.turismoalcala.es/turismo/viaje-a-complutum-museo-ciudad-romana-de-complutum/

miércoles, 28 de abril de 2021

12 TESOROS DEL LEGADO ROMANO EN HISPANIA

 

LOS TESOROS MÁS BELLOS DEL LEGADO ROMANO EN ESPAÑA

El Imperio Romano dejó una huella tan profunda que aún hoy se puede disfrutar de sus joyas arquitectónicas a lo largo y ancho del país.


Dicen que todos los caminos conducen a Roma. A veces, incluso, se llega a Roma sin tener que viajar demasiado. Al menos, sucede así en España, donde a lo largo y ancho de la que fue la antigua Hispania aparecen restos del portentoso pasado del Imperio Romano. Los vestigios actuales son el testimonio de la presencia romana que se extendió prácticamente durante siete siglos. Las villas, termas, templos, murallas, anfiteatros o acueductos que salpican todo el territorio español son parte de un patrimonio inmortal que ha sobrevivido al paso de los siglos y que hoy sigue maravillando.

1-CONJUNTO ARQUEOLÓGICO BAELO CLAUDIA (CÁDIZ)


Uno de esos yacimientos que dejan patente el buen gusto que tenían los romanos para escoger ubicaciones. La antigua Baelo Claudia está a pocos kilómetros de Tarifa, la capital del sur del windsurf. Bañada por el Atlántico,  la ciudad romana de Baelo Claudia, fundada en el II a.C, era un importante enclave por su conexión marítima y por su factoría de salazón y garum, una salsa fabricada a partir de tripas de pescado y sal que potenció la pesca del atún en la zona. Las ruinas del antiguo teatro –con capacidad para 2.000 personas–, varios templos, tiendas, termas y murallas forman parte del conjunto arqueológico. Después de recorrer el yacimiento, el plan del día sigue con un baño en el mar y con una visita a la duna de Bolonia.





2-TEATRO ROMANO DE CARTAGENA (MURCIA)


Por muchos que los cartagineses la llamaran Qart Hadasht (Ciudad Nueva) en el 227 a. C., lo cierto es que los primeros asentamientos se remontan a íberos y tartessos primero. Pero quienes construyeron el brillante teatro que se puede visitar en la actualidad -gracias, en parte, a un afortunado hallazgo en 1988- fueron los romanos. Hoy el teatro parece contemplar con curiosidad a la ciudad moderna. Con capacidad para 7.000 espectadores, confirma que el enclave fue de vital importancia para el Imperio Romano. Para  hacerse con todos sus secretos lo mejor es pasar primero por el  Museo del Teatro Romano de Cartagena.




3-ACUEDUCTO DE SEGOVIA


Una de las construcciones romanas más emblemáticas de toda la Península Ibérica es el acueducto de Segovia. Todo un prodigio de la ingeniería civil que consiguió traer agua del río Frío, al pie de la Sierra de Guadarrama, a las casas segovianas. Para ello, salvaba la distancia de 16 kilómetros antes de llegar a la ciudad. Hoy es un auténtico símbolo de la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad. Sobre todo, la parte de la arquería que cruza la plaza del Azoguejo. Reformado durante sucesivos siglos posteriores, el Acueducto de Segovia siguió cumpliendo su función hasta 1973. Tras visitarlo, no hay que dejar atrás el famosos cochinillo segoviano que se puede degustar en clásicos de la restauración patria como el Mesón de Cándido.




4-MURALLA DE LUGO


La antigua ciudad romana de Lucus Augusti estaba rodeada por una muralla que debía tirar para atrás a cualquier invasor solo con verla. Sin embargo, hoy sirve de recorrido de altura por la ciudad y brinda algunas de las perspectivas más bellas del casco histórico de Lugo. Con una longitud de 2266 metros, 5 puertas originales (entre 1853 y 1921 se abrieron otras cinco)y coronada por 85 torres, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000 al tratarse de una de las únicas muestras de muralla romana de grandes dimensiones que se conserva fuera de Roma.




5-PUENTE ROMANO DE ALCÁNTARA


Que un puente construido entre los años 103 y 104 d. C. sea uno de los más fotografiados de España a la fuerza debe tener una justificación: su belleza, sostenida a pesar de las sucesivas destrucciones y reconstrucciones que ha ido sufriendo con el paso de los siglos. Una belleza que se debe en parte al propio enclave escogido para su construcción, cruzando un Tajo en el que sus sólidos arcos se reflejan como en un espejo. Y belleza también por el equilibrio entre estética y funcionalidad que confluyen en él y que lo convierten en uno de los máximos exponentes de la ingeniería que los romanos desarrollaron en Hispania. Que siga en pie es toda una garantía si se hace caso a la inscripción que luce en latín: “Pontem perpetui masvrvm in secula mundi” (Este puente durará mientras dura el mundo).




6-PARQUE ARQUEOLÓGICO DE SEGÓBRIGA (CUENCA)


Se trata de una de las ciudades romanas mejor conservadas de toda la península. Recorrer el yacimiento arqueológico, con paradas en el anfiteatro, el teatro, la muralla, el foro, la basílica, los diversos templos, las termas, las necrópolis o por algunas de sus viviendas, se convierte en todo un viaje al pasado de esta gloriosa ciudad impulsada por el emperador Augusto en torno a la minería del  Lapis Specularis. Yeso cristalizado muy afamado por su transparencia y versatilidad como material constructivo.




7-TARRACO (TARRAGONA)


Tarragona es un verdadero museo al aire libre. No se mueve piedra de su centro histórico sin que surja aquí y allí un nuevo vestigio de la antigua Tarraco, la ciudad que Augusto elevó casi a la categoría de auténtico mito urbano. Capital de la provincia Tarraconensis, fue dotada de templos, un gigantesco foro, un acueducto y un circo como mandaban los cánones. Sin embargo, su principal símbolo sigue siendo el anfiteatro junto al mar. Lo mejor es pasar por el Museo Nacional Arqueológico de Tarragona para comprender cómo este pequeño castro militar levantado durante las Guerras Púnicas acabó convirtiéndose en la importante urbe que fue. 




8-ARCO DE TRIUNFO MEDINACELI SORIA


No es un secreto que hubo zonas de la península que se lo pusieron bien difícil a los romanos. Por ejemplo, el territorio que hoy ocupa Soria, donde campaban diversos pueblos celtíberos que plantaron cara al  todopoderoso Imperio. Tal vez por ello, cuando finalmente los ejércitos romanos se hicieron con el control del territorio allá por el siglo I d. C. quisieron dejarlo bien claro levantando un arco de triunfo. Y no cualquiera: el de Medinaceli es el único existente con tres vanos en España.




9-ITÁLICA (SEVILLA)


Aunque cueste, hay que desviar un poco la mirada de la ciudad de Sevilla y ponerla a pocos kilómetros, en Santiponce, o, mejor dicho, en Itálica, la que ostenta con orgullo ser la primera ciudad romana fundada en Hispania y la primera creada fuera de territorio italiano. Fundada en el año 206 a.C., fue el hogar de los emperadores Trajano y Adriano. Entre sus joyas destaca el anfiteatro, uno de los tres mayores de todo el Imperio, con capacidad para 25.000 personas, el acueducto, las termas, y, por supuesto, sus mosaicos, para muchos, uno de los legados artísticos más bellos que el Imperio Romano dejó fuera de Italia. Muchos siglos después su anfiteatro volvió a vivir momentos épicos gracias a que se convirtió en escenario de la serie Juego de Tronos.




10-CIUDAD ROMANA DE AMPURIAS (GIRONA)


Los romanos no pudieron escoger más bello puerto de entrada para expandirse por la Península Ibérica que este pequeño rincón de la actual Costa Brava, fundado por los griegos como enclave comercial. Como explican los manuales de Historia, la cosa sucedió concretamente durante la Segunda Guerra Púnica, cuando el ejército romano de Marco Porcio Catón desembarcó en estas costas allá por el año 218 a.C. Entre los restos del yacimiento romano, abundan algunas domus dotadas de bellos mosaicos, la basílica, el forum y las tabernae. Las vistas al Mediterráneo y al Golfo de Rosas durante la visita están más que garantizadas. 




11-TEATRO ROMANO DE MÉRIDA


Antiguamente conocida como Augusta Emerita, Mérida fue una de las urbes más importantes de la provincia romana de Lusitania. Basta ver algunos de los tesoros que aguardan en la capital extremeña y que fueron declarados como Patrimonio de la Humanidad en 1993 por la Unesco. Entre sus joyas destaca el emblemático teatro, “príncipe entre los monumentos emeritenses”, para el arquitecto José Menéndez-Pidal. Que los romanos controlaban la asignatura de arquitectura es evidente en la prodigiosa acústica del escenario por el que pasan los artistas que participan en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.




12-MONUMENTO NATURAL LAS MÉDULAS (LEÓN)


La mayor mina aurífera del Imperio Romano se ubicó en la localidad de El Bierzo, en León. La vista desde el mirador de Orellán permite hacerse una idea de la titánica tarea que emprendieron los romanos en la zona: una red de canales de más de 100 kilómetros donde destacan los farallones de areniscas rojizas que fueron quedando de la explotación minera. Esta mina a cielo abierto es el testimonio cruel de lo que puede llegar afectar el ser humano a la naturaleza. Por su importancia como testimonio histórico fue reconocido como lugar Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997.





Fuente:  https://viajes.nationalgeographic.com.es/

domingo, 25 de abril de 2021

CEMENTO ROMANO CLAVE DE LA CONSTRUCCIÓN

 La fórmula perdida y no superada del ultrarresistente cemento romano


Acueducto romano de Segovia


La persistencia de los monumentos de la antigua Roma tras 2.000 años se explica por el hormigón, cuya receta exacta investigan los estudiosos

Los antiguos romanos construyeron diques marinos que han resistido el embate de las olas durante veintiún siglos. También edificaron puentes, acueductos y anfiteatros que todavía se mantienen en pie, a diferencia de construcciones más modernas que en doscientos años se han venido abajo. Ello ha llevado a varios equipos internacionales de geólogos e ingenieros a buscar pistas sobre la composición exacta del cemento utilizado durante el Imperio romano. Sin embargo, su fórmula magistral continúa siendo un misterio comparable al de la Coca-Cola.

Basta observar el puente Fabricio, el más antiguo de Roma, para comprobar la extraordinaria durabilidad y resistencia de las construcciones romanas. Pese a levantarse en el año 62 a.C., sigue permitiendo a los viandantes cruzar desde la orilla este del río Tíber hasta la isla Tiberina. Pero los ejemplos son incontables: el puerto hexagonal de Trajano que el emperador romano hizo construir entre Ostia y Fiumicino para alojar a los grandes navíos venidos desde todos los mares para aprovisionar de mercancías a la capital del Imperio, sigue ahí, intacto, como hace dos mil años.

Y lo mismo cabe decir de muchos puentes esparcidos por Europa, algunos todavía en uso, de los cimientos de edificios históricos existentes en Roma o Florencia, de la cúpula del Panteón de Roma (construida aproximadamente en el año 113 d.C., casi 2000 años después, sigue siendo la mayor cúpula de hormigón no armado del mundo), del puente de Alcántara (Cáceres) y de tantas infraestructuras longevas esparcidas por el viejo continente, el oeste de Asia y el norte de África.

La llamada “revolución del hormigón” comenzó con la República romana en el 509 a.C. y floreció con la llegada del Imperio romano en el 27 a.C. Los romanos basaron su expansión territorial en la ingeniería, por lo que se vieron obligados a acometer grandes obras para administrar sus posesiones.

Para tal fin crearon vías (según la Universidad de Stanford, en el año 200 de nuestra era, cuando el poder de Roma se encontraba en su máximo apogeo, las vías que recorrían el Imperio en esta época abarcaban 85.000 kilómetros, para cubrir y comunicar cerca de seis millones de kilómetros cuadrados) puentes, almacenes, puertos, acueductos, anfiteatros, termas etc. Es en esta época cuando los antiguos romanos generalizan el uso de arcos, cúpulas y bóvedas.


Panteón de Agripa


Pero, para construirlos, necesitaban un material increíblemente resistente: el hormigón romano. Los documentos históricos sobre este material escasean, pero se sabe que fue profusamente utilizado a partir del año 150 a.C., aunque algunos estudiosos afirman que bien pudo desarrollarse un siglo antes.

Sin embargo, con la caída del Imperio romano, la receta exacta se perdió por completo. En De Architectura, el mayor tratado arquitectónico que se conserva de la Antigüedad clásica, Marco Vitruvio Polión, el que fuera arquitecto de Julio César durante su juventud, dejó algunas pistas.

Para el cemento utilizado en los edificios, Vitruvio describió una proporción de una parte de cal por tres de puzolana, una arena volcánica procedente de los lechos de Pozzuoli (“pocitos”, en latín, nombre adoptado en honor de los antiguos pozos de agua volcánica existentes en esta parte de la región de Campania, en la zona volcánica próxima al Vesuvio, cuyas aguas, pensaban los romanos, curaban la esterilidad). Para los trabajos subacuáticos, en cambio, Vitrubio especificó una parte de cal por dos de puzolana.

El erudito romano Plinio el Viejo describió en Historia natural, un compendio del saber existente en el siglo I de la era cristiana, cómo las estructuras creadas con esta argamasa se convertían en “una sola masa de piedra, inexpugnable para las olas y cada día más fuerte”.

Los ingenieros y arquitectos modernos se han maravillado durante mucho tiempo con la solidez y firmeza del hormigón romano. Ello ha impulsado a equipos de investigadores a visitar espigones, muelles y diques para estudiar sus propiedades. El Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley de EE.UU., por ejemplo, quiso averiguar cómo algunos muros de hormigón habían resistido impasibles el paso del tiempo e incluso sobrevivido al terremoto de 1349.


Puente de Alcántara


Utilizando tecnologías muy avanzadas, como la espectroscopia Raman, los geólogos han analizado muestras de mortero romano de 0,3 milímetros de grosor con haces de rayos X para aprender más sobre la estructura de sus cristales. ¿La conclusión? Los romanos eran increíblemente ingeniosos, por lo que es posible, señala Marie Jackson, científica del Departamento de Ingeniería Civil y Medioambiental de la Universidad de California, que observaran cómo la ceniza de las erupciones volcánicas cristalizaba en una roca duradera.

La investigación liderada por Jackson comenzó durante el año sabático que esta geóloga pasó en Roma para demostrar que Plinio el Viejo no exageraba y que el agua del mar que se filtraba en los diques marinos, a través del hormigón, favorecía su resistencia. Según ha declarado Jackson posteriormente, los romanos utilizaron rocas procedentes de los volcanes del Golfo de Nápoles para fabricar el hormigón que utilizaron en Italia, pero, en cambio, en el caso de los acueductos españoles emplearon agua dulce.

Otro descubrimiento sorprendente es que los romanos manejaron un mineral muy raro, llamado tobermorita aluminosa. Al parecer, la tobermorita aluminosa se formaba cuando el agua de mar se filtraba a través del hormigón de los rompeolas y muelles, disolviendo la ceniza volcánica y permitiendo la formación de nuevos minerales que, al reaccionar químicamente con el agua del mar, reforzaban la matriz. Este tipo de cristalización solo se ha observado en lugares como el volcán Surtsey, en Islandia, informa la revista Nature, tras apuntar que, en lugar de corroerse con el tiempo, el hormigón romano tenía propiedades autocurativas y parecía fortalecerse con su exposición a los elementos, particularmente al agua marina.

El hormigón romano es de gran interés científico no solo por su inigualable resistencia y durabilidad, sino también por las ventajas medioambientales que ofrece. En la actualidad, la mayoría de los hormigones modernos se aglutinan con cemento de Portland. Para fabricarlo, es necesario calentar una mezcla de piedra caliza y arcilla a 1.450 grados Celsius, un proceso que libera hasta el 7% de la cantidad total de dióxido carbono que se emite a la atmósfera cada año. El mortero romano, en cambio, se calcina a una temperatura más baja (900 grados), lo que implica una importante reducción de las emisiones contaminantes.

Los científicos destacan que las construcciones modernas de hormigón comienzan a dar señales de desgaste a partir de los 50 años, un lapso de tiempo ridículo en comparación con algunas de las obras de ingeniería romana. El problema es que las cenizas volcánicas no abundan en el planeta.

Anteriormente a los romanos, los griegos usaban una argamasa calcárea que, al secar, hacía de aglomerante. Sin embargo, los romanos descubrieron que los materiales volcánicos que usaban reaccionaban con el agua, como lo hace desde el año 1824 el cemento de Portland, el nombre elegido por James Parker y Joseph Aspdin al patentarlo por su color oscuro, similar a la piedra de la isla de Portland del canal de la Mancha.

Aunque el hormigón romano era mejor que muchos hormigones de baja calidad que se siguen fabricando en la actualidad, muy probablemente no era superior a los buenos hormigones contemporáneos. No obstante, el romano, afirman los científicos, podría seguir siendo muy útil en determinados contextos. Marie Jackson sugirió que podría usarse para construir el malecón de la laguna de Swansea (Reino Unido), frente a la costa sur de Gales, para aprovechar la energía de las mareas. La razón que esgrimió es que la laguna tendría que estar operativa, como mínimo, durante 120 años para amortizar los costes de construcción del proyecto, en tanto el acero que reforzaría un dique de hormigón convencional, dijo Jackson, se corroe en 60 años.

Asimismo, se ha encontrado algo similar a cemento romano en los gruesos muros de hormigón de un reactor nuclear japonés. Según dijeron científicos de la Universidad de Nagoya en un comunicado, la formación accidental de torbemorita aluminosa aumentó la resistencia de las paredes más de tres veces, según un estudio publicado en Materials and Design.


Coliseo romano


"Descubrimos que los hidratos de cemento y los minerales que forman las rocas reaccionaban de forma similar a lo que ocurre en el hormigón romano, aumentando significativamente la resistencia de los muros de la central nuclear", declaró Ippei Maruyama, ingeniero medioambiental de la Universidad de Nagoya.

Maruyama y sus colegas descubrieron que se formaba tobermorita aluminosa en las paredes de hormigón de un reactor nuclear cuando se mantenían temperaturas de 40-55°C durante 16,5 años. Las muestras se tomaron en la central nuclear de Hamaoka (Japón), que funcionó de 1976 a 2009.

Los análisis en profundidad mostraron que las gruesas paredes del reactor eran capaces de retener la humedad. Los minerales utilizados para fabricar el hormigón reaccionaron en presencia de esta agua, aumentando la disponibilidad de iones de silicio y aluminio y el contenido alcalino de la pared. Esto condujo finalmente a la formación de tobermorita aluminosa.

“Entonces, ¿por qué no volver al hormigón romano?”, se pregunta el diario Corriere della Sera. “La receta está ahí, pero falta el conocimiento de las 'dosis' exactas”, añade el artículo, para finalizar concluyendo que no se puede descartar que en un futuro próximo volvamos a construir con cemento romano.




Fuente: https://www.lavanguardia.com/

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