In memoriam Pedro Morales Cuenca.


En la localidad conquense de Torrejoncillo del Rey, fue descubierta en el año 1955, por D. Pedro Morales, una cavidad revelada en sueños, como un lugar donde encontraría un singular tesoro escondido en un palacio de cristal.

Tres meses de intensos trabajos dieron como resultado el hallazgo de una cavidad subterránea que resultó ser una mina romana de lapis specularis, de la que no quedaba ni el recuerdo.

En la actualidad, gracias a la intervención de la asociación arqueológica: Cien mil pasos alrededor de Segóbriga y la diputación provincial de Cuenca, se ha convertido en lugar de obligada visita tanto por su interés histórico como cultural.

Si deseas saber más sobre esta historia, accede mediante este link

https://moraencantada.blogspot.com/2011/04/historia-de-un-sueno.html


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martes, 6 de diciembre de 2022

LAS FRASES DE MARCO AURELIO

Las frases del emperador Marco Aurelio, y por qué no es ningún santo

 El emperador Marco Aurelio goza de buena prensa, quizá por su estoicismo, una filosofía parecida al cristianismo. Repasar su biografía y releer lo que dijo lo pondrán a prueba

 


 Si Marco Aurelio (121-180) fue un emperador caritativo, ¿por qué bajo su gobierno se intensificaron las persecuciones contra los cristianos? Responder a esta pregunta merece unas líneas, que servirán para trazar la frontera entre el cristianismo y el estoicismo, que, aunque parecidos, constituyen un credo y una corriente de pensamiento con diferencias insalvables.

Al hacerlo, es inevitable desmitificar la figura de Marco Aurelio, que ha pasado a la historia como el último de los cinco emperadores buenos. Según la historiografía tradicional –más aún, la romana–, fue un gobernante prudente, sabio y comedido, que timoneó sus impulsos con la misma mesura que su imperio. Lo hizo en arreglo a su estoicismo, una doctrina filosófica fundada por Zenón de Citio (c. 336 a. C.-c. 264 a. C.) que celebraba el autocontrol como una virtud.

 

No podemos controlar lo que pasa a nuestro alrededor, pero sí podemos controlar lo que pensamos sobre estos eventos”, podría ser la síntesis de esta escuela, que coqueteaba, pues, con la resignación.

Pero, además, el estoicismo defendía la moderación de las propias pasiones –entendidas como un mal que potencialmente puede perturbar la vida– y la práctica de la caridad, la benevolencia o la tolerancia, virtudes que, claramente, figuran en las Meditaciones de Marco Aurelio, rebosantes de dulzura y empatía.

 Muchos recordarán a Marco Aurelio por la película Gladiator (2000), en la que le dio vida el actor irlandés Richard Harris. Incorrecciones al margen, pues el filme tampoco pretendía ser histórico, la cinta acierta en el perfil personal del emperador. 

 o que no cuenta, sin embargo, es que fue él quien decretó la persecución “de oficio” de los cristianos, esto es, sin necesidad de denuncia. Tampoco que permitió que en distintos lugares del Imperio fueran martirizados en espectáculos circenses, más aún cuando las acuciantes guerras en el limes (frontera) encarecieron los juegos de gladiadores.

Muy duro con el emperador, el historiador italiano Augusto Fraschetti lo consideró poco menos que un inmisericorde perseguidor de cristianos. Lo hizo en Marco Aurelio. La miseria de la filosofía (2014), un libro en el que, tras revisar los documentos de la época, reventó el halo de santidad del personaje, haciéndolo más corriente. 

Sobre los cristianos, Fraschetti nos recuerda que fue Marco Aurelio quien acabó con la política ambigua de sus predecesores, acometiendo una persecución activa. Algo paradójico en un hombre que dijo aquello de “lo propio del hombre es amar incluso a los que nos dañan”. Una cita, por cierto, que podría haber firmado cualquier escolástico.

En su introducción a las Meditaciones, el helenista Carlos García Gual nos da algunas pistas para entender esta dicotomía. La clave está en la oposición entre la moral estoica, que basa su conducta en la razón divina y la conciencia propia, y la cristiana, que descansa sobre una verdad revelada. Podríamos resumir que, a pesar de coincidir en sus modos, un estoico militante jamás creería en las verdades últimas del cristianismo.

 

Para explicarlo, García Gual recupera una hermosísima cita del helenista alemán Ulrich von Wilamowitz (1848-1931): “Marco Aurelio tenía la fe y tenía la caridad; lo que le faltaba era la esperanza”. Le faltaba porque no creía en la recompensa en la otra vida, y menos en la justicia divina. Romano arquetípico, la predilección cristiana por el martirio se le antojaba simple terquedad.

A García Gual la paradoja marcoantoniana le resulta “patética”, precisamente porque su humanitarismo le acercaba al sentir cristiano. De hecho, con los años, los pensadores cristianos se quisieron reflejar en los viejos estoicos, entre ellos algún padre de la Iglesia.

 

Fue el caso del panegirista Tertuliano (c. 160-c. 220), que definió al estoico Séneca (4 a. C.-65) como “saepe noster”, “uno de los nuestros”. Más exagerado, san Jerónimo (c. 340-420) lo consideró un santo. Y, cómo no, de Marco Aurelio se llegó a decir que había mantenido una amistosa correspondencia con el papa.

A la luz de esta historia, más de uno estará tentado de conceder una dispensa al personaje. Al fin y al cabo, pensarán, trató de comportarse como un “buen romano”, haciendo lo que su razón le dictaba que era mejor para la supervivencia del Estado. Un extremo, este último, que no podemos demostrar. Lo que sí resultará útil es releer algunas de las cosas que el emperador escribió. Al hacerlo, la similitud entre el estoicismo y el cristianismo se nos hará evidente.


“La vida no es buena ni mala, sino un lugar para el bien y el mal”.

martes, 15 de noviembre de 2022

ARISTÓTELES Y EL SENTIDO COMUN

El sentido común en palabras de Aristóteles

Considerado el padre de no pocos saberes, Aristóteles reflexionó sobre todo, y, al hacerlo, estableció unas bases que hoy en día diríamos que son de sentido común

 

 Es un buen ejercicio pensar cuánto de lo que consideramos “de sentido común” es en realidad una herencia de Aristóteles (384-322 a. C.). Polímata, el griego transformó casi todas las áreas del conocimiento a las que se acercó, ya fueran la ciencia política, la ley natural, el método científico o la teleología, estableciendo unos principios que hoy en día damos por sentados.

¿Y qué sería el sentido común? Quizá la definición que más familiar nos puede resultar es la del ilustrado escocés Thomas Reid (1710-1796), que los consideró unos principios universales, fijos y no sometidos a crítica. Cosas que, sin necesidad de estudio o investigación, podemos distinguir como verdaderas o falsas.

Por tratarse de afirmaciones que aceptamos como naturales sin apenas pensar en ellas, podríamos decir que son la antítesis del pensamiento crítico. Pero también una herramienta muy práctica. Como lo definió el francés Henri Bergson (1859-1941), el sentido común es un modo rápido, útil y poco perfeccionista de orientarnos en la vida.

Aunque distintas entre ellas, estas propuestas parten de una misma tradición: el pensamiento aristotélico. En su formato clásico, esta corriente lo entendía como la unión de los sentidos externos (olfato, tacto, gusto, audición y vista) y los internos (la facultad de pensar, la memoria y la imaginación). Son estos sentidos –comunes a todos los seres humanos– los que ayudarían a distinguir lo bueno de lo malo.

Ahí está la clave: ¿por qué el adjetivo “comunes”? Porque, según decía Aristóteles, las personas tenemos una forma idéntica de percibir el entorno. Desde luego, este discípulo de Platón no inventó el sentido común, pero lo que sí hizo fue asentar algunas máximas sobre ética, ciencias naturales o metafísica que hoy diríamos que son “de lógica”.

Un buen ejemplo es el principio de no contradicción, que establece que una proposición y su negación no pueden ser verdaderas al mismo tiempo. O su teleología, que entendía al hombre como un ser constituido por alma y cuerpo, cuyo fin último sería la actividad intelectual. Incluso su idea de virtud, explicada como un término medio entre dos vicios que debe mantenerse mediante el hábito, parece hoy muy razonable.

Alguno apuntará que Aristóteles no inauguró la mayoría de los saberes que hemos mencionado, y acertará. Al fin y al cabo, Parménides de Elea (siglo V a. C.) ya planteó el principio de no contradicción al determinar que “lo que es no puede no ser”.

El mérito del insigne estagirita fue transformar todo aquello sobre lo que reflexionó y estudiarlo sistemáticamente. Tanto, que buena parte de los fundamentos de la ciencia aún vigentes se los debemos a él. Han pasado más de dos milenios, pero sus citas sobre el conocimiento, la ética o la naturaleza todavía rebosan sentido común.

 

“Solo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego”.

viernes, 30 de septiembre de 2022

SILFIO, CONDIMENTO MILAGROSO

 

¿Vuelve el silfio? Cómo 'resucitar' el condimento milagroso extinguido por el hombre

El silfio curaba enfermedades y hacía que los alimentos fueran sabrosos, pero, supuestamente, el emperador Nerón consumió el último tallo. Ahora, un investigador turco cree haber encontrado un superviviente botánico.





Desde antes del auge de Atenas hasta el apogeo del Imperio Romano, uno de los productos más codiciados del mundo mediterráneo fue una planta de flores doradas llamada silfio. Para los antiguos médicos griegos, el silfio era un remedio para todo, desde el dolor de estómago hasta la eliminación de verrugas. Para los cocineros romanos, era un producto culinario básico, crucial para condimentar una olla de lentejas cotidiana o para coronar un extravagante plato de flamencos escaldados. Durante el gobierno de Julio César, se almacenaban más de 450 kilos de la planta junto con el oro en los tesoros imperiales de Roma, y los plantones de silfio se valoraban al mismo precio que la plata.

Pero sólo siete siglos después de que la adorada planta creciera por primera vez a lo largo de la costa de Cirenaica, en la actual Libia (según un cronista, fue en el año 638 a.C. después de que cayera una "lluvia negra"), el silfio desapareció del antiguo mundo mediterráneo.

"Sólo se ha encontrado un tallo", se lamentaba el cronista romano Plinio el Viejo en su Historia Natural del siglo I d.C., "y ha sido regalado al emperador Nerón".




Desde la Edad Media, los exploradores botánicos inspirados por los antiguos relatos de esta notable planta la han buscado en tres continentes, y siempre en vano. Muchos historiadores consideran que la desaparición del silfio es la primera extinción registrada de una especie, ya sea vegetal o animal, y un ejemplo de cómo el apetito humano puede eliminar una especie de la naturaleza.

Pero, ¿se ha extinguido realmente el silfio? Gracias a un afortunado encuentro hace casi 40 años, y a décadas de investigación posterior, un profesor de la Universidad de Estambul (Turquía) sospecha que ha redescubierto los últimos reductos de la antigua planta más de 1000 años después de que desapareciera de los libros de historia, y a casi 1600 kilómetros de donde crecía.

Una "mina de oro química"

En una soleada mañana de octubre del año pasado, Mahmut Miski estaba de pie en las estribaciones de un volcán activo en la región de Capadocia, en el centro de Turquía, extendiendo un brazo hacia un matorral de tallos acanalados de color marrón claro a la sombra de los pistachos silvestres. Bienvenido a la "tierra del silfio", dijo el profesor de 68 años, mientras se agachaba para sacar un tallo y su nudosa raíz del suelo rocoso. El cepellón (la fábrica química de la planta) perfumaba el aire con un olor agradable y ligeramente medicinal, a medio camino entre el eucalipto y la savia de pino. "Para mí, el olor es estimulante, además de relajante", explicó Miski. "Puedes ver por qué todo el mundo que se encuentra con esta planta se encariña con ella".



Miski, cuya especialidad en la Universidad de Estambul es la farmacognosia, el estudio de los medicamentos derivados de fuentes naturales, había visto por primera vez la planta moderna, que ahora cree que es el silfio de los antiguos, mientras realizaba una investigación postdoctoral 38 años antes. Había recibido una beca para recoger especímenes de Ferula, un género de plantas con flores de una familia (Apiaceae) que incluye las zanahorias, el hinojo y el perejil, y que tiene fama de producir muchos compuestos novedosos para combatir enfermedades.

Un día de primavera de 1983, dos chicos de una pequeña aldea de Capadocia condujeron a Miski por un escarpado camino de tierra hasta las laderas del monte Hasan, donde su familia se ganaba la vida cultivando cebada y garbanzos. Detrás de los muros de piedra que protegían las plantas del ganado, los hermanos le mostraron a Miski varias plantas de Ferula inusualmente altas con tallos gruesos que rezumaban una resina de sabor acre. Las investigaciones del profesor acabaron revelando que sólo se había recogido otro espécimen de esta planta, en 1909, en un lugar situado a 240 kilómetros al este del monte Hasan, y que posteriormente se identificó como una nueva especie: Ferula drudeana.

La corazonada de Miski de que la Ferula drudeana sería una mina de oro química resultó ser correcta: los análisis del extracto de la raíz identificaron 30 metabolitos secundarios, es decir, sustancias que, aunque no contribuyen a la actividad principal de ayudar a una planta a crecer o reproducirse, le confieren algún tipo de ventaja selectiva. Entre los compuestos, muchos de los cuales tienen propiedades anticancerígenas, anticonceptivas y antiinflamatorias, se encuentra la shyobunona, que actúa sobre los receptores cerebrales de las benzodiazepinas y puede contribuir al olor embriagador de la planta. Miski cree que los futuros análisis de la planta revelarán la existencia de docenas de compuestos de interés médico aún no identificados.

"Se encuentran las mismas sustancias químicas en el romero, el pabellón dulce, la alcachofa, la salvia y el gálbano, otra planta de Ferula", se maravilla el profesor. "Es como si combinaras media docena de plantas medicinales importantes en una sola especie".





Similitudes convincentes

Está claro que la Ferula drudeana tiene un gran potencial médico, pero no fue hasta una nueva visita al monte Hasan en 2012 cuando Miski empezó a reflexionar sobre sus similitudes con la planta silfio sobre la que había leído en antiguos textos botánicos. Los jóvenes cuidadores de las plantas de Ferula le habían contado al profesor cómo a las ovejas y cabras les encantaba pastar en sus hojas, lo que le recordó una descripción de la Historia Natural de Plinio sobre el engorde de ovejas con silfio. Miski también observó que, tras ser atraídos por la savia de color perla, los insectos voladores comenzaban a aparearse, lo que le hizo pensar en las leyendas que celebraban las cualidades afrodisíacas de la antigua planta.

En un artículo de 2021 publicado en la revista Plants, Miski describió las similitudes entre el silfio, descrito en los textos antiguos y representado en las monedas de Cirenaica para celebrar el producto de exportación más famoso de la región, y la Ferula drudeana: raíces gruesas y ramificadas, similares al ginseng; hojas basales parecidas a las de una fronda; un tallo acanalado que se eleva hacia extravagantes racimos circulares de flores; hojas parecidas al apio; y frutos de papel, o mericarpos, en forma de corazones invertidos.

La similitud en el aspecto no era el único vínculo convincente. Se dice que el silfio original apareció de repente, tras un gran aguacero. Miski observó que, cuando las lluvias llegaban a Capadocia en abril, la Ferula drudeana brotaba del suelo y crecía hasta dos metros en poco más de un mes.





Dado que el silfio antiguo se resistía al cultivo, había que recolectarlo en la naturaleza, tarea que los nobles cirenaicos encomendaban a los nómadas del desierto; dos intentos (relatados por Hipócrates) de trasplantarlo a la Grecia continental fracasaron. Miski también encontró que la Ferula drudeana era difícil de trasplantar; sólo mediante el uso de la estratificación en frío, una técnica en la que se engaña a las semillas para que germinen exponiéndolas a condiciones húmedas e invernales, su equipo pudo propagar la planta en un invernadero.

Desde principios del siglo XIX, se han propuesto tres especies contemporáneas como posibles candidatas a ser el silfio perdido. El tallo y los frutos de la Ferula tingitana, conocida como hinojo gigante, se parecen a la planta representada en las monedas cirenaicas, y su resina se utiliza como medicina popular en Marruecos, pero el alto contenido de amoníaco de la planta la hace prácticamente incomible. La Cachrys ferulacea tiene frutos en forma de corazón y produce una resina agradablemente perfumada, pero sus hojas no se corresponden con las descripciones antiguas; también es una planta común en Italia y Grecia, lugares en los que las fuentes antiguas dejaban claro que no crecía el silfio. La Margotia gummifera se acerca tentadoramente a las imágenes representadas en las monedas, pero el área de distribución de la planta (que incluye el noroeste de África y la Península Ibérica) no coincide, su tallo es demasiado fino y varios estudios han concluido que tiene poco valor como planta medicinal.

"Morfológicamente, la Ferula drudeana parece ser la candidata más probable", afirma Shahina Ghazanfar, investigadora asociada especializada en la taxonomía de las plantas de Oriente Medio en el Real Jardín Botánico de Kew, en Londres. "Los tallos estriados, los frutos y posiblemente la raíz parecen apuntar a la idea de que esta especie de Ferula podría ser una planta cultivada remanente en Anatolia que se conocía como silphion". Ghazanfar destaca la forma distintiva en que las hojas están dispuestas en lados opuestos del tallo. "Las hojas opuestas, que no se encuentran en las otras especies, son particularmente convincentes".

¿Un superviviente lejano?

Aunque la Ferula drudeana se ajusta a las antiguas descripciones de la planta silfio más que cualquier otra especie propuesta hasta ahora, hay un problema: las descripciones antiguas eran unánimes en cuanto a que el mejor silfio procedía exclusivamente de una estrecha zona alrededor de la ciudad de Cirene, un lugar que ahora ocupa el moderno asentamiento de Shahat en Libia. Las estribaciones del monte Hasan están a 1287 kilómetros al noreste, en línea recta, a través del Mediterráneo. Cuando Miski presenta sus investigaciones en conferencias, hace hincapié en el hecho de que la planta se ha registrado en dos lugares de Turquía, ambos con poblaciones históricas griegas que se remontan a la antigüedad.




El pasado mes de octubre, Mehmet Ata, que de niño llevó a Miski al huerto donde crecía la planta, nos dirigió a una aldea cercana y nos mostró la casa de su infancia, ahora abandonada, que consistía en un laberinto de habitaciones oscuras talladas directamente en la roca volcánica. Ata, que ya es abuelo, nos explicó que su familia tomó posesión de la casa en algún momento después de la expulsión de los griegos de la región en 1923; antes de eso, la aldea había estado habitada por griegos capadocios que habitaban aldeas en el centro de Anatolia desde la época de Alejandro Magno, y Miski especula que hace unos 2000 años, un comerciante o agricultor griego intentó plantar semillas de silfio que le habían enviado desde el norte de África.

"Como tarda al menos diez años en madurar, es posible que la plantaran y luego se olvidaran de ella. Pero la planta siguió creciendo en la naturaleza y acabó poblando esta pequeña zona", ofrece. "Los descendientes de los agricultores originales no habrían sabido qué demonios era".

Erica Rowan, profesora asociada de arqueobotánica en la Universidad Royal Holloway de Londres, considera plausibles las especulaciones de Miski. "Los antiguos eran muy buenos transportando cosas", señala Rowan. "No hay ninguna razón por la que la gente de Cirenaica no pudiera haber traído las semillas a Capadocia y haberlas plantado. Son bastante similares, con un clima mediterráneo. Y esta especie de Ferula sí se parece a la que aparece en las monedas".

Alain Touwaide, historiador especializado en plantas medicinales de la antigüedad, es más escéptico, y cuestiona el razonamiento de que "se trata de algo griego, porque antes había griegos allí". Touwaide sostiene que el equipo de Miski tendría un argumento más sólido al aislar los compuestos de la Ferula drudeana que desempeñan una función médica similar a las que se prescribían para el silfio.

El problema es que las autoridades antiguas parecían prescribir la planta para casi todo. El silfio era una cura para la calvicie y el dolor dental, para la pleuresía y la epilepsia, y un bálsamo, según una traducción lírica, tanto para los "mordidos por el perro" como para los "heridos por el escorpión".

La única forma real de confirmar si son una misma cosa es si tuviéramos restos de la antigua planta para compararlos para su análisis, por ejemplo, de un frasco claramente etiquetado como "silfio" que se haya excavado en un yacimiento arqueológico, dice Lisa Briggs, investigadora posdoctoral del Museo Británico y Exploradora de National Geographic. Un artículo reciente del que es coautora recomienda la ciudad costera libia de Susa, la isla de Malta y el puerto griego del Pireo como buenos lugares para que los arqueólogos busquen restos de naufragios que puedan haberse hundido mientras transportaban silfio.

El "Santo Grial" culinario

A falta de un frasco bien etiquetado de silfio sacado de las profundidades, la mayoría de los expertos coinciden en que hay una forma prometedora (aunque no segura) de apoyar la idea de que la Ferula drudeana se corresponde con el silfio de los antiguos: alguien tendría que comerlo. "Sus propiedades médicas eran importantes para los antiguos, pero la característica que definía al silfio era que era un condimento", dice Rowan.

(Relacionado: Los neandertales ya se curaban con plantas medicinales)

A diferencia de los textos médicos clásicos, que suelen ser imprecisos en cuanto a los detalles, los libros de cocina que se conservan de la antigüedad suelen ser explícitos en cuanto a cantidades y técnicas. El más famoso, un manual de 475 recetas que tomó su forma definitiva en el siglo IV d.C., se conoce como Apicius, en honor a un célebre gastrónomo que vivió bajo el reinado del emperador romano Tiberio (r. 14-37 d.C.). En decenas de recetas de la recopilación se pide silfio, en una de sus tres formas: resina de goma pura, denominada laser vivum; resina mezclada con harina (laserpicium); o la raíz seca (laseris radix), que generalmente se corta en trozos y se machaca en un mortero con otros condimentos.

Para Sally Grainger, investigadora que coeditó la traducción autorizada al inglés de Apicius, "encontrar el silfio original, y experimentar de nuevo las recetas antiguas con él, es una especie de Santo Grial".

Grainger, que trabajó como jefa de pastelería en el Hotel Atheneum de Londres durante cinco años antes de licenciarse en historia antigua, demuestra las técnicas de cocina romana en su canal de YouTube "A Taste of the Ancient World". Hasta ahora, recreaba las recetas que requerían silfio libio utilizando un sustituto de menor calidad mencionado en Apicio: El "láser de Partia", que se cree que es la asafétida, una resina derivada de otra especie de Ferula que crece en Afganistán y que se utiliza en la cocina india contemporánea con el nombre de hing. Cuando el silfio original se hizo difícil de encontrar, los cocineros romanos empezaron a sustituirlo por la asafétida, más barata y abundante, y Apicius hace una clara distinción entre la planta libia de alta calidad y su prima oriental, más picante y sulfurosa.

En una soleada mañana de mayo en el Jardín Botánico Nezahat Gökyiğit de Estambul, el más importante depósito de biodiversidad vegetal de Turquía, Grainger y Miski se reunieron en una improvisada cocina al aire libre para averiguar si la Ferula drudeana puede ser realmente el Santo Grial de la historia culinaria.





El profesor acababa de regresar con muestras de plantas de las estribaciones del monte Hasan, donde Ata había estado supervisando el desarrollo de la planta. La nieve derretida había regado abundantemente el lugar, y el campo era un derroche de flores amarillas brillantes: las plantas de Ferula en plena floración significaban que las raíces estarían en su punto más activo desde el punto de vista farmacológico. Grainger había viajado desde el Reino Unido con un mortero y una maja, así como con todas las especias y condimentos necesarios para recrear las recetas de Apicio, incluidos los vinos dulces, la salsa de pescado fermentada garum y hierbas como la ruda y el apio de monte.

Ahora, mientras ollas de terracota llenas de lentejas se guisaban sobre braseros de carbón, Miski le presentó al chef un grueso y estriado tallo de Ferula drudeana, cuya savia de color perla rezumaba de un corte fresco. Grainger dejó caer un trozo de resina endurecida recogida de la planta en una sartén con aceite de oliva calentado, el primer paso para hacer el laseratum, un sencillo aderezo a base de silfio. Un olor característico llenó el aire.

"Es intenso y delicioso", dijo Grainger. "Cuando lo hueles, te fluye la saliva".

Cuando las mesas de picnic empezaron a llenarse con platos de media docena de recetas romanas (cada una con una versión aromatizada con Ferula drudeana y otra con el antiguo sustituto del silfio, la asafétida), una multitud, entre la que se encontraban los directores y el personal del jardín botánico y los estudiantes de Miski, se reunió en torno a las muestras. Un cuenco de aliter lenticulum, lentejas hechas con miel, vinagre, cilantro, puerro y Ferula drudeana, fue considerado complejo y delicioso, mientras que el mismo plato hecho con la penetrante resina de asafétida provocó muecas y quedó prácticamente intacto. La calabaza salteada con la raíz rallada de la planta también se comió con gusto, al igual que un delicado plato de albóndigas de langostinos que en Apicius se denominan isicia, bañadas en la salsa laseratum. El mayor éxito, sin embargo, fue el ius in ouifero fervens, una salsa para el cordero elaborada con vino dulce y ciruelas aderezadas con una amplia dosis de Ferula drudeana.

"¡Es precioso!", dijo Grainger, mientras descansaba en una silla de jardín después de un largo día de pie. "Aunque la salsa es rica y densa, el sabor del silfio no queda sepultado por las frutas y las especias. Tiene este intenso sabor "verde" que realmente resalta las cualidades de las otras hierbas de la salsa". Una versión elaborada con asafétida resultaba odiosamente picante. Era obvio que Grainger creía que la Ferula drudeana tenía un gran mérito gastronómico y era una buena candidata a ser la planta perdida de los griegos y los romanos.

Miski parecía complacido con los resultados de los experimentos de Grainger y sorprendido por el sabor, aunque confesó que le preocupaba lo que pudiera pasar después.

"Sólo hay 600 plantas individuales que conocemos en todo el mundo", señaló. Trescientas de ellas crecen en la naturaleza. Un número igual se cultiva ahora a partir de semillas en los jardines botánicos, aunque pasarán varios años antes de que alguna de ellas esté lo suficientemente madura como para producir cuerpos fructíferos. "Habría que cultivar mil veces más plantas para producir un suministro comercial".

Dos mil años después de que se cortara el suministro original de silfio, la legendaria planta puede haber resurgido sólo para enfrentarse a la amenaza de su antigua némesis: el apetito humano. Por el momento, su número es tan bajo que la Ferula drudeana se considera oficialmente una especie en peligro crítico.

"Eso es lo que me estresa", dice Miski, con una nota genuina de alarma en su voz. "Si todo el mundo empieza a hacer salsa de sifón, ¡espera! No vamos a tener suficiente para todos".



Fuente: https://www.nationalgeographic

sábado, 25 de junio de 2022

LATINES DEL DERECHO ROMANO

 

  Cuarenta expresiones en latín de imprescindible conocimiento en Derecho





"No olvidemos que nuestra tradición jurídica hunde sus raíces en el Derecho Romano"




omo es sabido, el español proviene del latín, de igual modo que otras lenguas denominadas romances, como el francés, el italiano o el portugués, y que durante el dominio del imperio romano los hispanos hablaban el conocido como latín vulgar, esto es, el utilizado por el vulgo o pueblo, adaptándolo a la peculiar forma de expresión del mismo con sus particulares giros, modismos y acento, derivando en el moderno castellano actual pero también en el catalán, el gallego, el francés o el italiano.

Tras la caída y declive del Imperio Romano, el latín dejó su impronta y su raíz, así como multitud de expresiones que utilizamos a diario aun cuando desconocemos el origen y motivación semántica de la mayoría. Y lo mismo sucede en el ámbito jurídico y, por extensión, judicial, al emplear aforismos extendidos en su forma hablada y escrita, expresión viva  de la cultura latina.



No olvidemos que nuestra tradición jurídica hunde sus raíces en el Derecho Romano, entendido como el ordenamiento jurídico que reguló las actividades de los ciudadanos del Imperio, desde su fundación – en el año 753 a. C.- hasta la caída del Imperio bizantino, en el año 1453, del que derivan los actuales códigos y compilaciones.

De este modo, el objeto del presente comentario no es otro que recordar algunas expresiones en latín que nos darán la justa medida de su significado y de su empleo adecuado, no tanto como ostentación del dominio de los latinismos sino como fruto de la curiosidad y del respeto que nos han de merecer, como referencia obligada de una época de la historia en que el Derecho Romano marcó su impronta y reguló nuestra conducta en los más variados escenarios, sociales, económicos, comerciales o jurídicos.

Ciertamente, no están todas las que son pero sí son todas las que seguidamente se transcriben.


Ad calendas graecas

Entre los griegos antiguos no existían las calendas, inventadas por los romanos para indicar el primer día del mes y que dio origen al término calendario. Retrasar cualquier acontecimiento hasta las calendas griegas era sinónimo de que aquello no se haría ni se cumpliría ni se pagaría jamás, o hasta después de morir; y en el mejor de los casos significa dejar una realización, aquello prometido o un  pago para ya veremos cuándo, si es que lo vemos.

Ad hoc

Esta expresión significa por eso o a propósito de eso, o con una determinada intención o finalidad. Se emplea asimismo para presentar una acción o afirmación que pretende explicar o justificar algo, y por eso mismo tal acción o afirmación pueden contemplarse como oportunistas. Pero también puede utilizarse para subrayar aquello que se dice o algún aspecto suyo, ilustrándolo gráficamente con un ejemplo.

Auctoritas

Se trata de la condición propia del auctor (autor) de una obra escrita, acción, institución, etc. La autoridad nunca se impone sino simplemente debe ser reconocida, de ahí que durante la edad media se contraponía al término potestas, esto es, al poder, a la fuerza y a la violencia.

Por extensión, el plural auctoritates se aplica a quienes por su dedicación y aportaciones a un tema o a otro autor se consideran especialistas i merecedores de crédito.

Bona fide

Es decir, de buena fe si nuestras intenciones o intereses inconfesables no dirigen nuestros actos y decisiones.

En un ámbito estrictamente jurídico, la buena fe se presupone siempre, salvo prueba en contrario (bona fides semper praesumitur nisi mala adesse probetur).

Ceteris paribus

Esta locución puede traducirse como en las mismas circunstancias o, incluso, con las mismas condiciones, y se emplea cuando alguien quiere comparar entre sí dos situaciones diferentes pero que presentan similitudes.

Conditio sine qua non

Expresión, en ocasiones abreviada como sine qua non, que significa condición sin la que no es posible o válida una cosa. O dicho de otro modo, condición necesaria, de modo que cuando no se da invalida el acuerdo.

De facto / de iure

Ambas expresiones etimológicamente se contraponen, dado que de facto indica una situación que es real, aunque no haya sido reconocida de manera oficial. Por su parte, de iure hace referencia a cualquier situación basada en el derecho establecido.

Do ut des

Te doy para que me des. Consiste en un principio de reciprocidad, recogido en el Digesto de Justiniano, que debe presidir cualquier permuta.

Dura lex sed lex

La ley es dura, pero es la ley, razón por la que debe cumplirse. Proclama solemnemente que la ley es inflexible en su cumplimiento, y que nadie está exento de cumplirla aunque en ocasiones le pueda resultar desfavorable.

Errare humanum est

El ser humano se equivoca por naturaleza y como decía Séneca el reconocerlo y disculparse de los errores cometidos es igualmente humano.

Et cetera

Esta fórmula (igualmente usada en su abreviatura etc.) es empleada habitualmente a la hora de abreviar una relación de cosas fácilmente deducibles por el contexto, sin necesidad, pues, de extenderse con más palabras o expresiones.

Ex abusu non arguitur in usum

Del abuso de una cosa no puede argumentarse en contra de su uso. Se trata de un aforismo jurídico que defiende el uso correcto de una cosa o el ejercicio de un derecho a pesar de que alguien pueda abusar del mismo.

Excusatio non petita, accusatio manifesta

La excusa no pedida es una acusación manifiesta. Dicho de otro modo, luchar para justificar sus propias acciones sin ser solicitado puede ser considerado como una indicación de que uno tiene algo que ocultar, incluso si la persona es en realidad inocente.

Ex novo

Expresión con la que se indica que es necesario volver a comenzar desde el principio.

Habeas corpus

Literalmente, tengas tu cuerpo, es una fórmula jurídica, cuyo origen se remonta a una ley inglesa del año 1679, que prohíbe ingresar en prisión a ningún ciudadano sin una orden del juez y ordenando llevar el cuerpo del detenido a su presencia, en su calidad de autoridad judicial.

Hic et nunc

Combinación de adverbios, aquí y ahora, utilizada para indicar la concreción de una situación o la inmediatez con que debe emprenderse una acción, sin dejarla en demora.

Ignorantia legis neminem excusat

La ignorancia de una ley no exime a ninguno.  Norma jurídica que defiende la obligación del conocimiento de la ley; adaptación de una regla recogida en la compilación de Decretales, de Bonifacio VIII.

In claris non fit interpretatio

Cuando algo es claro, evidente, no hace falta interpretar el sentido de las palabras. Este principio jurídico se recoge en el art. 1281 del Código Civil, conforme al cual Si los términos de un contrato son claros y no dejan duda sobre la intención de los contratantes, se estará al sentido literal de sus cláusulas. Si las palabras parecieren contrarias a la intención evidente de los contratantes, prevalecerá ésta sobre aquéllas”.

In fieri

Expresión que significa haciéndose o en formación, implicando una acción que aún se encuentra en curso, sin acabar.

In fraganti

También empleada en su otra expresión de in flagranti delicto, comporta sorprender a alguien en el momento de cometer el delito o, en su caso, una acción oculta al conocimiento general.

Se trata de una adaptación del ablativo flagrante crimine que aparece en el Código de Justiniano.

In illo tempore

Expresión muy usual en las narraciones evangélicas leídas en misa que significa en aquellos tiempos, en relación a hechos o sucesos ocurridos en una época lejana o pretérita.

Ipso facto

Significa en el mismo acto y expresa la inmediatez con que debe llevarse a término una acción.

Labor omnia vincit improbus

Traducido como el trabajo tenaz todo lo vence, proviene de la Geórgicas.

Mutatis mutandis

Puede traducirse como cambiando lo que deba cambiarse, y con su empleo se acostumbra a suavizar, y relativizar hasta cierto punto, la comparación en la similitud o paralelismo exacto que acaba de establecerse.

En cierta manera resulta equivalente a la expresión cum grano (o, cum mica) salis, esto es, con un grano (o un poco) de sal, en el sentido que no debe tomarse una afirmación al pie de la letra, sino que debe interpretarse con una cierta libertad, más allá de lo escrito.

Non multa sed multum

Literalmente viene a decir, no muchas cosas, sino bien hechas, equivalente a nuestro refrán “quien mucho abarca, poco aprieta”.

Esta alocución procede de una simplificación de la frase atribuida a Plinio el Viejo cuando se refirió a multum legendum esse, non multa, es decir, hace falta leer muy bien, no muchas obras, o más vale leer un solo libro que muchos.

Nosce te ipsum

Significa conócete a ti mismo y suele atribuirse a Sócrates, si bien para muchos entendidos esta locución antecede al gran filósofo al encontrarse inscrita encima de la entrada del templo de Delfos, invitando a conocer y aceptar el que el hado tenía inevitablemente tenía reservado al individuo

Numerus clausus

Debe traducirse por número cerrado y se refiere, en general, cuando existe un número limitado de plazas para inscribirse o matricularse en un lugar concreto, evitando que pueda haber un exceso de asistentes o de público.

En el ámbito del derecho se cita cuando las causas o razones legales que puedan o deban ser de aplicación no son más que las que expresamente contempla la ley, sin posibilidad de extenderlas a otros supuestos.

Obiter dicta

En Derecho procesal  es el conjunto de afirmaciones y argumentos contenidos en los fundamentos jurídicos de la sentencia que no forman parte de la ratio decidendi del fallo jurisdiccional.

Omnia tempus habent

Esto es, cada cosa tiene su tiempo, según sentencia del Eclesiastés dirigida a los impacientes.

Pares cum paribus facillime congregantur

Los iguales se reúnen con mucha facilidad con sus iguales. Cicerón, en su afamada obra Sobre la Senectud, pone en boca de Catón este antiguo proverbio, aunque de hecho ya encontramos esta alocución en los griegos Homero, en su obra Odisea, y Platón, en su elogiado Banquete.

Similar es la frase primus inter pares, que defendían los antiguos griegos ante la pretensión del obispo de Roma de ser la autoridad suprema y única de las Iglesias, principio, pues, de corte democrático de aplicación a muchos ámbitos donde pueda imperar la tiranía o la imposición.

Quo peius, eo melius

La proclama como peor, mejor, suele ser el ideal de partidos políticos en la oposición, con objeto de facilitar recuperar el poder en las próximas elecciones.

Ratio decidendi

Se trata de los fundamentos de la decisión judicial.

Resulta ilustrativa sobre su alcance y significado la Sentencia del Tribunal Supremo, de la Sala 2ª, de 21 de junio de 2016, rec. 10139/2016, al establecer que “deben considerarse suficientemente motivadas aquellas resoluciones judiciales que contengan, en primer lugar, los elementos y razones de juicio que permitan conocer cuáles han sido los criterios jurídicos esenciales fundamentadores de la decisión, es decir, la ratio decidendi que ha determinado aquella”.

Rem tene, verba sequentur

Se trata del consejo dado por Catón el Viejo a su hijo Marco, que puede traducirse como domina el asunto, que las palabras vendrán solas.

Así, en la contestación de una demanda o en la fase conclusiones en una vista oral, quien tiene por asimilado el derecho que sostiene tendrá mayor facilidad y convicción para hacerlo valer.

Sapere aude

El consejo de Horacio atrévete a saber, o atrévete a pensar y decidir por ti mismo, fue más siglos más tarde un lema de la Ilustración europea como reacción enfrente del dominio del dogma religioso.

En el actual contexto esta frase puede aplicarse a poder conocer para decidir por sí mismo ante el avance de las nuevas tecnologías que nos facilitan toda la información posible.

Sublata causa tolltur effectus

El principio jurídico suprimida la causa, desaparece el efecto resulta también de aplicación a muchos otros ámbitos, y resulta equivalente al dicho de origen escolástico, cessante causa cessat effectus, o sea, en dejar de ser la causa, dejar de ser el efecto.

Summum ius, summa iniuria

La justicia extrema es extremadamente injusta. Se trata de un proverbio citado por Cicerón en su obra “Sobre los deberes”, que aparece igualmente en la comedia “El verdudo de sí mismo”, de Terenci, como Ius summum saepe summa est malitia.

Comporta una advertencia sobre la aplicación excesivamente rigurosa de la justicia legal.

Totum revolutum

Supone una situación de confusión total, de cosas, ideas o palabras, sin orden ni concierto.

Ubi lex non distinguit nec nos distinguere debemus

Esta regla interpretativa reclama una exégesis estricta del texto de la norma jurídica, sin admitir más distingos que aquellos que, en su caso, la propia norma contenga (SSTS, 3ª, 3 de abril de 2014, rec. 2343/2013, y 1 de abril de 2014, rec. 324/2013, entre otras).

La jurisprudencia ha recordado cómo la infracción de esta regla implica también la vulneración del principio de seguridad jurídica y, con ello, de sus tres mandatos: i) el conocimiento anticipado de las conductas reguladas; ii) el conocimiento anticipado de la reacción esperada de los poderes públicos; iii) la claridad normativa.

También está presente en el uso forense del derecho de la Unión Europea: en las Conclusiones del Abogado General, de 29 de abril de 2014, C-399/12, ap. 66, se propone el criterio de excluir la aplicación de la regla lex non distinguit, nec nos distinguere debemus en los supuestos de falta de regulación.

En cambio, en casos de materias reguladas, la doctrina es con carácter general proclive a una aplicación relativamente amplia del principio, y así se hace en dos escritos de Conclusiones del Abogado General de 28 de septiembre de 2010, C-241/09, ap. 79, y de 14 de mayo de 2009, C-199/08, ap. 49.

Verba volant, scripta manent

Su significado es bien conocido, las palabras vuelan y lo escrito permanece, o dicho de otra manera, nadie podrá negar haber dicho lo que dijo si lo ha dejado por escrito.

Veritatis una facies est    

La verdad nada más tiene una cara. Frase que ilustra el sentido unívoco de la verdad, adaptada de un texto de Séneca.



Fuente:https://www.economistjurist.es/

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